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Urgente! construir la paz

Jesús trazó el camino de la no violencia activa, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16)

Generalmente calificamos al Ecuador como un país de paz. Sin embargo, la realidad, las redes sociales o los diversos medios de comunicación, muestran una enorme cantidad de hechos que denuncian violencias evidentes y ocultas, fruto de estructuras de injusticia, explotación, pobreza, marginación, exclusión, descarte; y es visible en las calles y en los hogares; en la política y en la economía; en todos los ámbitos ciudadanos, al parecer se va constituyendo un dominio de la cultura de la violencia que avanza y se extiende por todo el tejido social sin freno alguno.

«cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (Papa Francisco)

En este contexto «se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos -señala el Papa Francisco- En varios países hay una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, que crea nuevas formas de egoísmos y de pérdida del sentido social, enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales» (Encíclica Fratelli Tutti, n.11, 2020).

Cambiar esta realidad, no implica solamente emitir más leyes y endurecer las penas, tampoco la presencia policial en cada esquina ni hacer superficiales reformas al sistema penitenciario, se trata de trabajar para realizar cambios estructurales profundos orientados a recuperar y practicar valores trascendentes como la justicia, la equidad, el respeto, la tolerancia, el diálogo fraterno, así como erradicar la pobreza y romper las estructuras de injusticia. Lo lógico y deseable es entender que debemos abrirnos a los más pobres y vulnerables, ya que todos somos corresponsables de lo que sucede en la comunidad y en la humanidad toda. Se trata de llegar y trabajar con fuerza, con auténtico sentido de unidad, de solidaridad, de unión, de paz… Solo juntos venceremos la violencia y alcanzaremos la tan anhelada paz.

Y cuando hablamos de PAZ, nos referimos a la puesta en vigencia de un estilo de vida justo, equitativo, incluyente, compartido, siguiendo el modelo proclamado y practicado por Jesús de Nazaret. Sus enseñanzas aparecen llenas de mensajes de PAZ, «el evangelio del amen a sus enemigos (cf. Lc 6) es considerado como «la carta magna de la no violencia cristiana», que no se debe entender como un «rendirse ante el mal […], sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia». «Al ser los hombres por naturaleza sociables, deben convivir unos con otros y procurar cada uno el bien de los demás. Por esto, una convivencia humana rectamente ordenada exige que se reconozcan y se respeten mutuamente los derechos y los deberes» (Juan XXIII, Pacem in Terris).

El papa Francisco concreta estas ideas en «la cultura del encuentro» que tiene su realización en el conocimiento del otro, en la comunicación cercana, en proyectarse hacia los demás, especialmente hacia aquellos que más necesitan. Una sociedad justa, memoriosa, sin exclusiones, sin descartados, sin olvidados, con sus necesidades básicas satisfechas y hasta con un hombro amigo en actitud de comprensión y consuelo. ·

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carta No. 49 – 11 de octubre 2020, Comisión Ecuatoriana Justicia y Paz

Con los ojos fijos en Él, en la realidad y la fe