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23 septiembre 2022

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Evangelio Dominical: Lázaro pobre

Evangelio Dominical: Lázaro pobre

Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama en el vigésimo sexto domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 25 de septiembre de 2022.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 16, 19-31.

 

“Los ángeles llevaron a Lázaro al seno de Abrahám”

 

En esta parábola hay dos personajes contrapuestos. ¿Cómo eran?

 

Está el hombre rico. De él se describe su estilo de vida: sus vestidos y su comportamiento: “Se vestía de púrpura y de lino fino” (v. 19b). Es lo que usaban los ricos y poderosos. Y todos los días «banqueteaba espléndidamente«. Y esto en un país, donde la gente común apenas lograba comer carne una vez a la semana.

 

¿Y cómo era el pobre Lázaro?

 

Lázaro es un pobre, un mendigo. Al revés del rico, está cubierto de llagas y sólo desea hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico” (v. 21a).

 

En los banquetes de entonces los comensales se limpiaban  la grasa de las manos con un pedazo de pan y lo echaban al suelo. Eso es lo que buscaba Lázaro, como cualquier perro al acecho. “Y los perros venían y le lamían las llagas” (v. 21b).

 

Esta situación termina en el momento de la muerte. Lázaro fue llevado al cielo cerca de Abrahán. La expresión «en el seno de Abrahán» significa en la Biblia «reunirse con los propios padres» (Jue 2,10; cf. Gn 15,15; 47,30; Dt 37,16).

 

Por el contrario, el rico con su muerte acaba el mundo que él se ha creado para sí mismo, fuera de la voluntad de Dios. El problema no es poseer, sino poseer de un modo egoísta, cerrándose en el propio mundo. Éste es el error del rico de la parábola de hoy. Ha construido una frontera en su corazón, un límite, que nadie podía traspasar. El rico ha creado el infierno en su propio corazón.

 

¿Por qué fue Lázaro al cielo?

 

Aquí hay dos interpretaciones:

 

Algunos piensan que Lázaro fue al cielo simplemente porque era pobre. Piensan  que en la otra vida será todo al revés de aquí: los ricos serán pobres y los pobres serán ricos.

 

Pero hay pobres que son malos, llenos de envidia y amargura. Y hay ricos que son buenos y con su riqueza ayudan a los necesitados.

 

Por eso otros piensan que Lázaro no era un simple pobre. Lo único que sabemos de él es su nombre. Pero en la Biblia los nombres son muy importantes, porque revelan su carácter, su personalidad y su identidad. De hecho es la única parábola de los evangelios donde uno de los personajes lleva un nombre. Así que el nombre puede ser importante  para interpretar la parábola.

 

‘Lázaro’ significa ‘Dios es mi ayuda’, porque él no tiene nada, sólo tiene a Dios, como su único refugio. Por lo tanto, Lázaro no es simplemente un pobre, sino un pobre, que cree y confía en Dios. Y es una persona más importante para Dios que el rico, pues Él le puso un nombre.

 

Nosotros somos bien distintos de Dios. Escucha esta historia:

 

<Una estudiante cuenta lo que le ocurrió en un examen:

 

Durante mi segundo mes en la escuela de enfermería el profesor nos hizo un test. Yo, que era buena estudiante, contesté a las preguntas con rapidez hasta que llegué a la última pregunta: «¿Cuál es el nombre de la señora que limpia la escuela?»

 

Me parecía una broma. Yo la había visto: era alta, de pelo oscuro y de unos 50 años, pero ¿cómo podía saber su nombre? Dejé la pregunta sin contestar. Antes de terminar la clase, alguien preguntó si esa pregunta también contaba para la nota.

 

– Por supuesto, dijo el profesor. A lo largo de sus vidas encontrarán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención, incluso si sólo les dicen ‘Hola’ o les sonríen.

 

Nunca olvidé esa lección y también aprendí el nombre de la señora, se llamaba Dorotea.> (Félix Jiménez, escolapio)

 

¿Sabe usted el nombre de la persona que está a su lado? ¿No? Pregúnteselo. Esa persona es muy importante, aunque no lo parezca, es hijo e hija de Dios. Es una pregunta que Dios nos hará al final, en el test definitivo, y contará más que cualquier otra.

 

¿Por qué fue el rico al infierno?

 

Lucas no nos dice que fuera malo, ladrón, explotador, criminal. Tampoco nos dice que fuera el causante de la pobreza y de la miseria de Lázaro. Ni siquiera nos dice que Lázaro le pidiera limosna y se la rehusara. Sólo nos dice que no atendió a Lázaro tendido a su puerta. Es el pecado de omisión. He aquí otro cuento:

 

<Un hombre muere y se presenta ante Dios-Juez. Dios busca su nombre en el Libro de la Vida, pero, al no encontrarlo allí, le dice que su puesto es el infierno. El hombre protesta:

 

– Pero yo no hice nada…

 

– Precisamente, responde Dios. Por eso vas al infierno.>

 

Este hombre podría ser el rico de esta parábola: no hizo nada por Lázaro.

 

Aunque esta parábola parezca ser de dinero, verdaderamente se trata de valores.  Es posible ser rico y disfrutar del favor de Dios – Abraham, David, y Salomón son unos ejemplos.  La cuestión no es si tenemos dinero o no, sino si compartimos la gran preocupación de Dios por los pobres y vulnerables.

 

¿Por qué Abraham se niega a enviar a Lázaro a la tierra a los hermanos del rico?

 

El rico aún considera a Lázaro como un criado para hacer mandados.

 

Abrahán pone en duda la posibilidad de transformación a través de acontecimientos extraordinarios, como de mensajes de muertos. Tampoco ocurrió en tiempos de Jesús: ni siquiera la resurrección del otro Lázaro ni la del mismo Jesús cambió el corazón de sus enemigos (cf. Mt 28,11-15)

 

¿A quién nos parecemos nosotros: al rico o a Lázaro?

 

Cada uno puede responder: Es posible que caminemos al lado de los necesitados, pero sin verlos.  También fallamos al no escuchar a Moisés, a los profetas, a Jesús y a la Iglesia. También amamos el dinero y la comodidad hasta olvidarnos de los demás.

 

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)