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SIGNIS ALC

16 abril 2021

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Casa Recursos Evangelio Dominical Padre José Martínez de Toda, S.J.

Evangelio Dominical: El camino de Emaús

Evangelio Dominical: El camino de Emaús

Comentario al Evangelio que se proclama en el Tercer domingo de Pascua, correspondiente al domingo 18 de abril 2021.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 24, 35-48.

 

«Miren mis manos y mis pies; soy yo en persona»

 

¿Qué hacen los discípulos de Emaús después de ver a Jesús resucitado?

 

La alegría les desborda, y no piensan sino en comunicar la Gran Noticia a los demás discípulos de Jerusalén: «Hemos visto a Jesús resucitado». Y se volvieron ya de noche a Jerusalén por el mismo camino, pero esta vez a toda prisa, corriendo para contársela.

 

<Un catequista preguntó un día a un grupo de jóvenes que se preparaban para la Confirmación: «¿Cuál es la parte más importante de la misa?» La mayoría respondió:

 

«La consagración». Pero uno contestó:

 

«La parte más importante es el rito de despedida».

 

El catequista sorprendido le preguntó: «¿Por qué dices eso?» Y éste le respondió:

 

-«La misa sirve para alimentarnos con la palabra, el cuerpo y la sangre del Señor. Pero la Misa comienza cuando termina. Salimos a la calle para hacer y decir lo que dijeron los discípulos de EMAUS: «Hemos reconocido al Señor al partir el pan, y está vivo, y vive para siempre y para nosotros».> (Félix Jiménez, escolapio).

 

¿Cuándo dijeron los de Emaús esa frase?

 

Los discípulos de Jesús estaban reunidos en Jerusalén. Pedro les cuenta cómo se le apareció Jesús. En ese momento llegan los dos de Emaús, y cuentan cómo lo han reconocido al cenar con él. Los que escuchan no lo han visto aún, y no saben qué pensar. Entonces Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: «Paz a Ustedes». Come entre ellos. Les explica para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».

 

¿Les convence Jesús de que Él resucitó?

 

La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». Es verdad que algunos hombres y mujeres vieron el sepulcro vacío, hablaron con los ángeles y decían que habían hablado con el mismo Jesús resucitado. Inclusive los mismos soldados, que custodiaban el sepulcro, informaron a sus autoridades que el sepulcro estaba vacío. Pero los discípulos siguen dudando.

 

¿Es fácil creer en Jesús resucitado?

 

No es fácil… Es algo que sólo puede ser captado y comprendido desde la fe, que el mismo Jesús despierta en nosotros.

 

La resurrección es un hecho sobrenatural basado en nuestra fe.

 

La fe en Cristo se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande? <Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas… Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección…Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.> (Pagola)

 

La resurrección es creíble también a causa de las vidas cambiadas de estos discípulos, convertidos en testigos. Antes de su aparición, estaban vencidos y temerosos. Después de su aparición, y especialmente después de Pentecostés, encontraron valor para predicar en público en cualquier esquina de Jerusalén durante Pentecostés, y 5.000 se convirtieron en el primer sermón de Pedro (Hechos 2).

 

Y los Apóstoles siguieron adelante hasta dar su vida para cambiar el mundo, conscientes de la presencia de Jesús resucitado, que está junto a nosotros.

 

¿Cuál es la Buena Noticia de esta 1ª Aparición de Jesús?

 

1.Que Jesús resucitó y se ha aparecido a varios discípulos y colectivamente al grupo.

 

2.Que Jesús trae paz, fe, seguridad, y no les reclama a los discípulos por su falta de fe. Jesús consuela, se preocupa de ellos, se adapta a ellos para convencerles.

 

3.Que Jesús busca la oveja perdida, representada en aquellos discípulos descreídos.

 

4.Que Jesús les razona por qué Él murió y resucitó:

 

«Esto es lo que les decía mientras estaba con Ustedes: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse… Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día»

 

5.Que Jesús les recuerda su misión: «En su nombre (de Jesús) se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén».

 

¿Cómo hacer presente hoy al Señor resucitado?

 

– A través del encuentro personal con Jesús. Él está «con nosotros» y «en nosotros» por medio del Espíritu.

 

– Desarrollar nuestros sentidos (ver, oír, tocar, etc.) para saborear la presencia del Señor crucificado y resucitado en nosotros mismos, en la gente buena que nos rodea y en cualquier signo de esperanza y amor que nos sale al camino.

 

-Presentar en la oración al Señor todos los problemas de nuestra vida, y preguntarle: «¿Qué piensas de esto? ¿Cómo actuarías tú aquí?»

 

-Salpicar nuestra conversación con frases como ‘Gracias a Dios’, ‘Gracias a Dios y a la Virgen’, ‘Providencialmente’.

 

– Conservar la tradición de pedir la bendición; de decir al despedirse en la noche «Hasta mañana», respondiendo: «Si Dios quiere». Y decir al encontrarse en la mañana «Buenos días», respondiendo: «Buenos días nos dé Dios».

 

– Poner a los hijos nombres de santos/as, y contarles su vida.

 

– Antes de las comidas al menos hacer la señal de la cruz. Pero también hacer que el más pequeño de la casa rece algún verso fácil. Por ejemplo: «El Niño Jesús nació en Belén; bendiga la mesa y a nosotros también». Familia que reza unida, se mantiene unida.

 

– Tener cuadros o símbolos religiosos en la casa, en la habitación, al cuello.

 

– Y, sobre todo, amarlo y servirlo cada día, con sencillez y esperanza, en nuestros hermanos más sencillos, más pobres, más necesitados. Sabiendo que en ellos es a Él a quien estamos amando y sirviendo. Tratar a todos con respeto y alegría.

 

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)