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SIGNIS ALC

19 abril 2022

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Entre la crucifixión y la resurrección

Entre la crucifixión y la resurrección

Él, por amor, entrando en el abismo del dolor y del sufrimiento nos redime y nos salva dando sentido a nuestras aflicciones y tribulaciones.  Pondremos ante Jesús crucificado a todos los crucificados de hoy, hermanos y hermanas víctimas inocentes del sufrimiento y la maldad del mundo.  Sólo él puede consolarlos y darles amor.  Caminar junto a Cristo como discípulos, nos lleva a compartir su suerte de cruz, pero siempre con la esperanza y la certeza de participar también de esa resurrección con que Él venció a la muerte y nos regaló una vida nueva. Papa Francisco, 2021.

 

«En cuanto tomó Judas el bocado, salió.  Era de noche» (Jn 13,30)  Es la noche de la mentira, de quien oculta sus planes siniestros, la noche de la ambición, de quien por dinero es capaz de matar; la noche de la corrupción, de quien no tiene ni corazón ni ética…  Jesús sigue siendo crucificado allí donde se irrespeta la dignidad, la libertad y la vida (Mons. Silvio José Báez)

 

En la cotidianidad, nos encontramos con muchos signos de crucifixión que caminan campantes por nuestra realidad, unos evidentes y otros solapados: justicia manipulada por jueces mercancía y abogados mercaderes; pobreza en abundancia, riqueza concentrada en pocas manos, hambre escandalosa, desempleo a millares surgir, corrupción galopante, despilfarro inescrupuloso, narcotráfico desbocado, guerras fratricidas, impunidad acrisolada, politiquería descarada, palanqueos abundantes, tráfico de influencias, crimen organizado, violencia despiadada, mentira por doquier, planes perversos, ambiciones desmedidas, dinero fácil, egoísmos superlativos, prepotencia legitimada, instituciones debilitadas, intereses mezquinos, explotación indiscriminada de la naturaleza, esclavitud tecnológica, verdad falsificada, enemistad, soberbia envidias, deshonestidades, engaños, mezquindad…  estas manifestaciones de crucifixión tocan y carcomen en ‘carne viva’, sobre todo a la gente más débil y vulnerable.  Flagelan su dignidad, destruyen su futuro y le niegan toda posibilidad de tener «vida en abundancia».

 

En medio de tanta oscuridad que abraza al mundo y que le mantiene en un permanente ‘viernes santo’, también hay signos de resurrección, hay, sin duda alguna, manifestaciones del ‘paso de la muerte a la vida’ en «cada brazo que se alza para defender al pueblo del dominio explotador», en esas comunidades vivas que sacan fuerzas de flaqueza para enfrentar y vencer adversidades; en el rancho, en la fábrica, en la plaza, en la calle, en la feria, en los buses, en las esperanzas porfiadas de los desplazados, refugiados, olvidados del poder de turno; en los constructores del pensamiento; en la educación que fragua mentes libres e incluyentes; en los edificadores de la paz que dan por doquier su mensaje cargado de testimonio y de solvencia ética y moral, en los luchadores por la justicia que desmantelan y ponen en evidencia toda injusticia promiscua, en los defensores de la casa común que proponen desmantelar esa carrera consumista desbocada.

 

También están esas manifestaciones de solidaridad que rompen el egoísmo y sacan lo mejor de cada persona, en esa lucha inclaudicable por la verdad; en miles y miles de padres y madres de familia que entregan todo su amor y ternura y dan ejemplo a sus hijos para que sean honrados ciudadanos y buenos cristianos.  Personas que con hechos y palabras promueven actos de honestidad que encaren y enfrenten a la corrupción e impunidad; que induzcan al perdón que acerca corazones y construye cercanías, en la humildad y sencillez de corazón que tiende puentes entre diferentes; y con su trabajo tesonero y que sin esperar nada a cambio, construyen un mundo nuevo.

 

En la Pascua, la tumba se queda vacía, la muerte y sus manifestaciones son vencidas, la vida entra en plena vigencia, la alegría desborda por doquier, el bien fluye a raudales, ya no hay espacio para la diatriba.  La Pascua de Resurrección es el ‘Paso’ en nuestra vida que nos configura con Cristo, para que todos y todas, cada uno en nuestra propia tarea y responsabilidad nos convirtamos en constructores de dialogo, perdón, entendimiento, equidad, paz, confianza…  ¡Esperanza!  Felices Pascuas de Resurrección para cada uno.

 


Carta semanal de la Comisión Ecuatoriana Justicia y Paz | Con los ojos fijos en Él, en la realidad y la fe.

carta No. 128– 17 de abril 2022