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En México quisiera ser instrumento de paz, dice el Papa Francisco

Ciudad del Vaticano (EVARED).- «Voy a México a vivir la riqueza de la fe» expresó el papa Francisco en una entrevista concedida a la Agencia de Noticias del Estado Mexicano, Notimex.  El pontífice se refirió a cuatro grandes temas propuestos por varios ciudadanos mexicanos que le plantearon preguntas. Desde su residencia en la Casa Santa Marta, el Santo Padre siguió con atención los mensajes que le dirigieron 33 personas de diversos Estados de la República Mexicana y aseguró que «Quisiera ser en México, instrumento de paz».

A pocos días del inicio de su visita apostólica a México, el papa Francisco dialogó con los ciudadanos del país azteca en un programa especial en forma de entrevista colectiva para la agencia de noticias NOTIMEX, en una producción conjunta con el Centro Televisivo Vaticano (CTV).

Unas 16 mujeres y 17 hombres manifestaron sus expectativas y esperanzas ante la llegada del Papa. Expresaron qué significa para ellos la Virgen de Guadalupe y abordaron algunos de los desafíos que afronta México: de la migración hasta el impacto de la violencia.

Los testimonios fueron ordenados en un video de 37 minutos que comprende cuatro temas encabezados con frases del Pontífice: «Voy a México a vivir la riqueza de la fe»; «Déjenme un ratito con la Virgen de Guadalupe»; «Quisiera ser en México, instrumento de paz»; «Renovar la fe, es hacerla callejera».

El programa se seccionará también en cuatro videoclips de entre cuatro y ocho minutos de duración, con los temas que abordó el Papa en sus respuestas a los mensajes de los mexicanos.

Síntesis de las preguntas y respuesta del Santo Padre

¿A qué viene a México? ¿Qué nos viene a traer a México?
«Lo que más me mueve a mí es: ¿qué voy a buscar a México? Yo voy a México no como un Rey Mago cargado de cosas para llevar, mensajes, ideas, soluciones a problemas. Yo voy a México como un peregrino, voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo, voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de esa riqueza de fe. Ustedes tienen una idiosincrasia, una manera de ser que es fruto de un camino muy largo, de una historia que se fue forjando lentamente, con dolores, con éxitos, con fracasos, con búsquedas, pero hay como un hilo conductor. Ustedes tienen mucha riqueza en el corazón y, sobre todo, ustedes no son un pueblo huérfano porque se glorían de tener Madre, y cuando un hombre, o una mujer, o un pueblo no se olvida de su Madre, te da una riqueza que vos no la podés describir, la recibís, la transmitís. Bueno, yo voy a buscar un poco todo eso en ustedes. Un pueblo que no se olvida de su Madre, esa madre mestiza, esa madre que lo forjó en la esperanza».

 

¿Qué representa para el Papa la Virgen de Guadalupe?
«Seguridad, ternura. Cuántas veces estoy con miedo de algún problema o que ha sucedido algo feo y uno no sabe cómo reaccionar, y le rezo, me gusta repetirme a mí mismo: «No tengas miedo, ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?». Son palabras de Ella: «No tengas miedo». Siento eso, que es Madre, que cuida, que protege, que lleva adelante un pueblo, que lleva adelante una familia, que da calor de hogar, que acaricia con ternura y que te quita el miedo..Dice mucho, es una imagen «decidora», la imagen de una Madre que cobija, que cuida, que está metida en su pueblo, con la tez de su pueblo. Eso es lo que siento delante de Ella. Lo que pediría es -pero como un favor, a ustedes- que esta vez, que va a ser la tercera que piso suelo mexicano, me dejen un ratito sólo delante de la imagen. Es el favor que les pido».

 

¿Cómo nos ayudaría a afrontar esta violencia que está pasando aquí?
«Violencia, corrupción, guerra, niños que no pueden ir a la escuela por sus países en guerra, tráfico, fabricantes de armas que venden armas para que las guerras en el mundo puedan seguir?: más o menos éste es el clima que hoy vivimos en el mundo, y ustedes están viviendo su pedacito, su pedacito de «guerra» entre comillas, su pedacito de sufrimiento, de violencia, de tráfico organizado. Si yo voy ahí, es para recibir lo mejor de ustedes y para rezar con ustedes, para que los problemas que ustedes saben que está sucediendo, se solucionen, porque el México de la violencia, el México de la corrupción, el México del tráfico de drogas, el México de los carteles, no es el México que quiere nuestra Madre, y, por supuesto que yo no quiero tapar nada de eso, al contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas.

«Que nos traiga un poco de paz» -decía alguno de ustedes-. La paz es algo que hay que trabajarla todos los días, es más -yo diría una palabra que parece una contradicción-, ¡la paz hay que pelearla todos los días!, hay que combatir todos los días por la paz, no por la guerra. Sembrar mansedumbre, entendimiento, sembrar paz. San Francisco rezaba: «Señor, hacé de mí un instrumento de tu paz». Quisiera ser en México un instrumento de paz, pero con todos ustedes. Y ¿cómo se amasa la paz? La paz es un trabajo artesanal, que se amasa con las manos, desde cómo educo yo a un chico, hasta cómo acaricio a un anciano, son todas semillas de paz. La paz nace de la ternura, la paz nace de la comprensión, la paz nace o se hace en el diálogo, no en la ruptura, y ésta es la palabra clave, el dialogo: diálogo entre los dirigentes, diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo. No tenerle miedo a escuchar al otro, a ver qué razones tiene. Y, por favor, no entrar en ninguna, en ninguna trenza que por ganar dinero, me esclavice toda la vida en una guerra interior y me quite la libertad, porque la paz da libertad. Yo le voy a pedir a la Virgen, junto con ustedes, que les de esa paz, que la Guadalupana les regale la paz del corazón, de la familia, de la ciudad, y de todo el país».

 

¿Qué es lo que desearía y qué espera de nosotros?
«Yo voy para servir, para eso, para ser un servidor de la fe de ustedes, porque para eso me hice cura porque sentí esa vocación para servir a la fe del pueblo. Pero esa fe tiene que crecer y salir hacia afuera y meterse en la vida de todos los días, una fe pública. Y la fe se hace fuerte cuando es pública, sobre todo en los momentos de crisis.

Que hay una crisis de fe en el mundo, es verdad. Pero también es verdad que hay una gran bendición y un deseo. De que la fe salga hacia afuera, que la fe sea misionera, que la fe no sea enfrascada, como en una lata de conserva. Nuestra fe no es una fe de museo y la Iglesia un museo. Nuestra fe es una fe que nace del contacto, del diálogo con Jesucristo, nuestro Salvador, con el Señor.

Si la fe no sale a la calle, no sirve, y que la fe salga a la calle no significa solamente hacer una procesión. Que la fe salga a la calle significa que yo en mi lugar de trabajo, en mi familia, en las cosas que hago en la universidad, en el colegio, me muestro como cristiano. La fe tiene que ser callejera, como Jesús.

Si yo les pregunto a ustedes: «¿En qué lugar pasó Jesús más tiempo de su vida? ¡En la calle! predicando el Evangelio, dando testimonio. Nuestra fe nos tiene que empujar a salir y no quedarnos encerrados con nuestro Jesús, y no dejarlo salir, porque Jesús sale con nosotros, si nosotros no salimos, no sale. Renovar la fe quiere decir hacerla «salidora», hacerla callejera, que no le tenga miedo a los conflictos, sino que busque solucionar los conflictos familiares, escolares, sociales, económicos. La fe tiene que ser la inspiración mía a comprometerme con mi pueblo, y eso tiene sus riesgos, tiene sus peligros. Quisiera terminar robándole a la Madre sus palabras y que a través mío Ella se las diga a ustedes: «No tengan miedo de salir, no tengas miedo hijito, hijita mía, acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre».

 

Fuente: AICA