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Dios no está ausente en las situaciones dramáticas

Ciudad del Vaticano (EVARED).- El tema de la relación entre Misericordia y consuelo explicó el Papa Francisco en su tradicional catequesis durante la Audiencia General del miércoles 16 de marzo, que precede el Domingo de Ramos.  La reflexión la hizo a partir del libro del profeta Jeremías, capítulos 30 y 31. El pontífice explicó que dichos capítulos, son llamados «libro del consuelo», porque en ellos «la misericordia de Dios se presenta con toda su capacidad de confortar y abrir el corazón de los afligidos a la esperanza»:

Así dio inicio a su catequesis en español: «Queridos hermanos y hermanas: El Profeta Jeremías se dirige a los israelitas que habían sido deportados y les anuncia el regreso a su tierra. Esta vuelta en patria es signo del amor infinito de Dios que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva. El exilio fue una experiencia muy dura para el pueblo de Israel e hizo que su fe vacilase».

Hablando en italiano, precisó que «la fe de los israelitas había vacilado porque estaban en tierra extranjera, sin el templo, sin el culto», y, que «después de haber visto el país destruido», era difícil para ellos «seguir creyendo en la bondad del Señor».

«También nosotros podemos vivir a veces algún tipo de exilio, como la soledad, el sufrimiento, la muerte, que nos hace pensar que estamos abandonados por Dios. Nos podemos preguntar: ¿Dónde está Dios?»

El Sucesor de Pedro puso el acento en la situación de quienes están viviendo en este tiempo una situación real y dramática de exilio, lejos de su patria, que tienen «las ruinas de sus hogares en los ojos y en el corazón el miedo», y muy a menudo, «el dolor por la pérdida de seres queridos». «En estos casos uno puede preguntarse», dijo, «¿dónde está Dios? ¿Cómo es posible que tanto sufrimiento caiga sobre hombres, mujeres, y niños inocentes?». «Dios no está ausente ni siquiera hoy en estas dramáticas situaciones», afirmó.

«El Profeta Jeremías nos da una respuesta: Dios está cerca de nosotros, es fiel y hace grandes obras de salvación en quien espera en él. Dios ama con un amor sin límites, que ni el pecado puede frenar, y hace que el corazón del hombre se llene de alegría y de consolación. Jesús ha llevado a plenitud el anuncio del profeta. Su pasión, muerte y resurrección es la expresión definitiva y más plena del amor misericordioso de Dios, que nos devuelve del exilio, nos conforta en las adversidades y nos concede alegría, paz y vida eterna».

El pueblo de Israel que regresó a su patria después del exilio, «asistió a la victoria de la vida sobre la muerte, y de la bendición sobre la maldición», explicó el Papa. Es así como el pueblo es fortalecido y consolado por Dios. «Esta palabra es importante: ¡consolado!»

Concluyendo su catequesis, el Obispo de Roma animó a «no desfallecer ante las dificultades y a confiar siempre en la fidelidad de Dios. Él, con su misericordia, los consolará y les hará plenamente felices».

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Fuente: News.va