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Acción Solidaria de Emergencia “Es hora de cuidar” y la fuerza solidaria de la Iglesia en Brasil

En el marco de la realización de la 58ª Asamblea General de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), la tarde de este miércoles 14 de abril se presentaron los resultados de la acción de emergencia “Es hora de cuidar”, que impulsa la Iglesia Católica de Brasil.  El informe fue presentado por el obispo de Roraima (RR) y segundo vicepresidente de la CNBB, Dom Mário Antônio da Silva, quien también preside Cáritas Brasileira, una de las entidades que actúan en la implementación de la acción.

Esta Acción de Emergencia Solidaria se puso en marcha desde el 12 de abril de 2020, en el Domingo de Resurrección, con la intención de ayudar a las personas en situaciones de vulnerabilidad alimentaria, y entró en su segunda etapa el domingo de la Misericordia, 11 de abril de este año, a partir del homenaje propuesto por la CNBB en solidaridad con las víctimas del COVID-19 que estimuló el repique de campanas de las parroquias de todo Brasil.

“Es necesario recordar que la solidaridad, especialmente en tiempos de pandemia, va más allá de la memoria del fallecido, pero es un tema humano y religioso, que requiere el compromiso de todos”, dijo Dom Mário.

El contexto

Desde el año pasado se anunció el regreso de Brasil al Mapa del Hambre. Según estudios del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), esta condición había sido erradicada en 2014, sin embargo, en 2020, el país volvió a figurar entre las naciones en las que el hambre crece a un ritmo alarmante.

La pandemia dejó a 19 millones de brasileños en una situación de inseguridad alimentaria el año pasado, lo que representa el 9% de la población del país, la tasa más alta desde 2004, hace 17 años, cuando esta proporción había alcanzado el 9,5%. Y casi el doble que en 2018, cuando el IBGE identificó a 10,3 millones de brasileños en esta situación. La acción desarrollada Creado por una iniciativa conjunta de la CNBB, Caritas Brasileira y la Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB), con el fin de mitigar el impacto causado por la inseguridad alimentaria y el hambre entre la población brasileña, agravado por la continuación de las medidas restrictivas para combatir la pandemia.

La cifras de la Acción Solidaria de Emergencia en su primer año

Con un alcance de más de 1,1 millones de personas beneficiadas, se recaudaron más de R $ 4,5 millones en recursos económicos y se distribuyeron alrededor de 5,9 millones de kilos de alimentos. El saldo también señala que las poblaciones en situación de vulnerabilidad recibieron 713 mil platos preparados, 675 mil prendas de vestir y calzado, además de 405 mil kits de higiene personal y 409 mil equipos de protección individual.

Si bien los datos denotan el alcance de la solidaridad coordinada por la Iglesia en Brasil, Dom Mário dice que las cifras son aún mayores, debido a que varias iniciativas en todas las diócesis del país no han sido registradas oficialmente. La segunda etapa de la acción de emergencia. La Acción Solidaria de Emergencia “Es hora de cuidar” continúa con su propósito de ayudar a combatir el hambre en Brasil. Para ello, está desarrollando acciones de movilización, que tienen como objetivo llegar no solo a las entidades de la Iglesia, sino también a las organizaciones de los más diversos segmentos de la sociedad civil, a través del establecimiento de alianzas y el desarrollo de proyectos conjuntos.

Fuente: CNBB

Mons. Guilherme Werlang: “Las políticas públicas, que se lograron con tanta lucha popular brasileña, poco a poco se están desmantelando”

Bogotá, D. C., 14 de abril

Prensa Celam. El 7 de abril de 2020, seis entidades brasileñas, entre ellas la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), firmaron el “Pacto por la Vida y por Brasil”, con el objetivo, en esas primeras semanas de la pandemia, de mitigar los impactos de la misma y la defensa del Sistema Único de Salud (SUS), que garantiza la atención sanitaria pública, universal y gratuita para todos los brasileños.

Desmantelamiento de las políticas públicas

Mons. Guilherme Werlang, en la conferencia de prensa de la 58ª Asamblea General de la CNBB, que se celebró este miércoles, denunció que “en los últimos años las políticas públicas, que se lograron con tanta lucha popular brasileña, poco a poco se están desmantelando, desacreditando, se están quitando los recursos básicos, fundamentales para que puedan cumplir su función y propósito“.

Según el presidente del Grupo de Trabajo del Pacto por la Vida y por Brasil, la vida debe entenderse como algo interconectado que va más allá de la vida humana. El Pacto defiende la necesidad de garantizar la ayuda de emergencia, la asistencia del SUS y la seguridad alimentaria, una cuestión fundamental en un momento en el que Brasil vuelve a figurar en el Mapa Mundial del Hambre. Se trata de defender la vida y las políticas públicas que, según el obispo de Lages , “se están desmantelando“, denunciando que hay dinero para salvar a los bancos y a la bolsa, pero no para la ayuda de emergencia, afirmando que no se puede llamar ayuda de emergencia a la cantidad que está destinando el gobierno. Hizo un llamamiento a luchar por Brasil, algo que no es posible sin defender a los más pobres.

Educación en todas sus dimensiones

En 2022, la Campaña de la Fraternidad, que acompaña la vida de la Iglesia en Brasil durante la Cuaresma desde los años 60, tendrá como tema “Fraternidad y Educación“. Mons. João Justino de Medeiros Silva, al presentarla, destacó que ha sido pensada en su relación más amplia con la sociedad, pensando en todos los actores que forman parte de la educación. El lema de la Campaña se inspira en el Libro de los Proverbios: “Habla con sabiduría y enseña con amor“, teniendo como objetivo “Promover el diálogo sobre la realidad educativa en Brasil“.

Mons. Leomar Antônio Brustolin destacó la transversalidad de la Campaña de la Fraternidad 2022, en torno a tres aspectos: la pandemia, 20 millones de brasileños estuvieron sin escolarizar en 2020; las pedagogías de Francisco, la pedagogía de la escucha, del diálogo, de la cercanía y del encuentro; el Pacto Educativo Global, que parte de Laudato Si 215, mostrando la necesidad de difundir un nuevo modelo sobre el ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza. El obispo auxiliar de Porto Alegre llamó a cuestionar “la cultura y la civilización que se está construyendo en este momento de pandemia, donde incluso llevar una máscara se convierte en motivo de controversia“. Insistió, a partir de la propuesta del Pacto Mundial por la Educación, en promover “una educación más abierta, inclusiva, capaz de una escucha paciente, un diálogo constructivo y un entendimiento mutuo“.

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Todo ello, según el obispo, necesita “la valentía de poner a la persona humana en el centro, en un estilo de vida que rechace la cultura del descarte“, siguiendo la propuesta del Papa Francisco. Denunció que el mercado ha sido el principal criterio para educar en muchos ambientes. También hizo un llamamiento a “invertir en los muchos talentos que tenemos“, denunciando que muchos talentos brasileños son acogidos en el extranjero e ignorados en Brasil. Al mismo tiempo, subrayó la necesidad de “una educación al servicio de la comunidad, que prepare no sólo para el trabajo sino para la vida comunitaria y social, con sentido de comunión y compromiso con la realidad“. Por ello, espera que la Campaña de la Fraternidad de 2022 sea “una contribución que pueda ayudar a transformar la realidad“.

Una sociedad polarizada y violenta

En las preguntas de los periodistas, los obispos abordaron algunos temas importantes como el abandono escolar, la forma de trabajar del Pacto por la Vida, que trata de ser antena de donde se amenaza la vida. También reflexionaron sobre cuestiones presentes en la sociedad brasileña, sobre la relación entre educación y cultura, lo que llevó a Mons. Leomar a afirmar que hay una forma de ser brasileña, un deseo de sacar ventaja en todo, que “no nos ha llevado a grandes progresos“. Denunció la falta de ley en Brasil, la existencia de una sociedad polarizada, donde la oposición se convierte en un enemigo a destruir, el uso de la violencia, que se ha vuelto mucho más fuerte, la cuestión de los feminicidios, insistiendo en que “estamos anestesiados frente a todo y nuestras desigualdades“, hasta el punto de que “nos estamos acostumbrando a la violencia, a la corrupción, a una situación de muerte“. Todo eso exige una educación que defienda la vida y cambie la cultura brasileña. El obispo insistió en que la cultura no está promoviendo la vida, ante tanta muerte y descarte, insistiendo en que ésta comienza en la familia, donde se aprende la gratitud, el respeto y la justicia social.

Es necesario rescatar la capilaridad de la Iglesia, en palabras de Mons. Guilherme, que hizo un llamado a recuperar el profetismo en la Iglesia, porque Brasil está polarizado dentro de las iglesias. El obispo de Lages denunció que quienes asumen la verdad del Evangelio, que se basa en la justicia, en el amor a los pobres, cuando asumen la Palabra de Dios, son llamados comunistas, como es el caso del Papa Francisco, que este domingo recordó que la defensa de los pobres, eso es puro cristianismo. Según el prelado, tenemos el reto de retomar con radicalidad el seguimiento del Jesús histórico, que nació en la periferia del mundo. Recuperar el espíritu del Pacto de las Catacumbas, y en el Pacto por la Vida, recuperar el derecho a la seguridad alimentaria, a la ayuda de emergencia.

La educación como apuesta fundamental para superar las desigualdades sociales

En relación con la Campaña de la Fraternidad, Mons. João Justino insistió en que “las desigualdades sociales atentan contra la dignidad de la persona humana“, y por eso “superarlas, para nosotros los cristianos, pasa por la conversión“. El arzobispo de Montes Claros considera que la Campaña de la Fraternidad, celebrada durante la Cuaresma, es una “llamada a construir un mundo más humano, de fraternidad“. El reto es pensar en acciones, proponer actividades, desencadenar procesos para contribuir a la superación de las desigualdades sociales, según el arzobispo. En este sentido, situó la educación como “una apuesta fundamental para superar las desigualdades sociales“.

Mons. Leomar recordó la figura de Edith Stein, que en su papel de educadora definió la educación como “guiar a otros seres humanos para que lleguen a ser lo que deben ser“. Según el obispo auxiliar de Porto Alegre, “esto necesita la familia, la escuela, la iglesia y la sociedad”. Es necesario hoy “educar a los jóvenes a la trascendencia, al Misterio“, y al mismo tiempo crear redes, un gran pacto, crear una alianza, un compromiso común, algo que se está concretando en el Pacto Educativo Global.

La fe sin obras está muerta

Preguntado sobre cómo llevar a la vida de los que participan en la vida de la Iglesia la necesidad de un compromiso profético, Mons. Guilherme hizo referencia a la Conferencia de Medellín, que denunció que “uno de los mayores pecados es la omisión“, que “muchas veces ocurre porque es más cómodo y porque la gente no quiere comprometerse“. Según el obispo de Lages, “tenemos omisiones porque tenemos los cristianos que la Iglesia educa o deja de educar”. Según Mons. Guilherme, debemos ser “conscientes de que el compromiso de intentar cambiar este mundo en el Reino de Dios es de todos nosotros“, llamando a ser una Iglesia más participativa, a bajar de las gradas y entrar en el terreno de juego, como cristianos y como ciudadanos. El obispo recordó la Carta de Santiago, que dice que “la fe sin obras está muerta“, insistiendo en que “no sirve de nada levantar las manos, rezar a Dios, pero no poner las manos al servicio“, insistiendo en la necesidad de actuar, de dejar de ser cristianos asistentes, para convertirse en cristianos activos.

Fuente: CNBB