Reflexiones sobre la lectura del evangelio correspondiente a cada domingo.

Un camino que nos lleva a la Pascua; desde la llamada del Maestro y con Él, actualizamos el camino del desierto, experiencia fundante de la fe de los hebreos y punto de partida de la vida pública de Jesús.

Parece ser un rechazo a la dimensión humana e histórica de nuestro ser, pero no es así, cielo y tierra se han encontrado. Sí, eres polvo, pero no solo polvo, el aliento de vida ha entrado en ti y te ha hecho vivir. Más todavía, “a los que lo recibieron, les dio el poder ser hijos de Dios”. Somos ciudadanos del cielo por don y por una misión en la tierra.

El mirar de Dios, más que un hecho físico, sale del corazón, como el mirar de una madre para con su hijo. Si la historia humana se quedara solo en nuestras manos, no tendría esperanza, no tendría caminos viables, no tendría soluciones. Solo el amor es puerta que se abre a la esperanza, al futuro, a la liberación, y la fuente del amor está en Dio, es Dios. Aceptar su amor y dejarnos atraer por Él. Atraer tiene el contenido de respuesta, corresponder a ese amor amando.

Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto: Dios toma parte del esclavo y es su libertador. Si entendiéramos que la presencia y la acción de Dios en la historia humana es la garantía de nuestra liberación, no tendríamos tanto miedo a que Él se metiera con más decisión en nuestra vida.

Nos faltan pocos días para entrar con Cristo en la Semana Santa, en la pascua. Si
la cuaresma ha sido un caminar con el Maestro y en comunión con los hermanos en la fe, hemos seguramente vivido una experiencia de liberación, de cercanía amorosa, de reconciliación, siempre con una mirada puesta en la grandeza de la dignidad nuestra de hijos de Dios.

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