Reflexiones sobre la lectura del evangelio correspondiente a cada domingo.

Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mi sin detenerte.

El misterio de Dios siempre tuvo caminos de encuentro con la vida de los hombres: la historia humana no es indiferente a Dios, más bien es espacio de su presencia hasta llegar al momento de la encarnación, cuando Dios pondrá su tienda entre las nuestras, más, hará comunión con nosotros.

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Se presentó ante Jesús un doctor de la Ley.

La palabra escrita y aprendida no es la sola guía para el cristiano, es indispensable, pero no sola. El maestro de la ley es el que conoce pero no llega todavía a la meta. La meta es el encuentro con la persona del Maestro, un encuentro cargado de disponibilidad, de acogida, de fe que se hace “caminar juntos”.

Para ponerlo a prueba.

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Yo haré derivar hacia ella, como un río la paz.

El ideal, la realización, para el cristiano, reposan en Dios. Él toma la iniciativa y va adelante, Él convoca y conoce por nombre a los suyos, Él interviene y construye la plenitud y la razón de la vida. Como el agua, es fuente de vida, es certeza de realización, es la serenidad de una relación que construye casa. Y lo que Él hace va siempre más allá de las expectativas humanas.

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.

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Elías, pasó a su lado y le echó encima su manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías.

Cuando Dios llama, no queda más que responder y la respuesta no puede ser de otro modo que inmediata y total. Cuando hablamos de llamada, hablamos de vocación, o sea de lo más profundo que está en nosotros y la repuesta tiene que ser total como la realización de la propia vida. Se está jugando la razón de ser del discípulo y el futuro de la comunidad. Por eso la respuesta es rápida, total y exigente.

El Señor es mi lote y mi heredad.

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Mayo 20 2007

Esto dice la sabiduría de Dios: “El Señor me poseía desde el principio, antes que sus obras más antiguas… Antes de que brotaran los manantiales de las aguas, fui concebida”.

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Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios altísimo.

Figura que se presenta como una aparición. El sacerdocio eterno tiene las características de un don que viene de lo alto y que, al mismo tiempo, se injerta en la historia y en la vida humana haciéndola victima ofrecida. Pan y vino recogen el sudor y el trabajo de hacer de la humanidad una familia, por eso Melquisedec es rey de Salem.

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“¡He pecado contra el Señor!”. “El Señor te perdona tu pecado. No morirás”.

Cuando el Señor llama, hay toda una serie de acciones con las cuales Él manifiesta su cercanía, “te consagré… te libré… te confié… puse… te di… estoy dispuesto a darte más todavía”. O sea, la llamada va acompañada por su obra que es cercanía y amor. Pero nuestra respuesta, con frecuencia está viciada por la incomprensión y por el pecado. Reconocerlo es el primer paso para llegar al perdón.

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El Señor me llamó desde el seno de mi madre.

Es la respuesta-revelación a la pregunta de quienes somos. Somos una promesa y un proyecto de amor que se construye en la historia humana, la de una madre que te acoge, que te lleva y que te hace. Carne y Palabra (nombre que revela la identidad) te hacen y Dios es el “tu” con el cual construyes tu libertad de relación. ¿Porqué temerle si Él te ama?
La Palabra revela tu identidad y tu misión; no eres Narciso, no eres para amarte, eres para amar, solo así serás “luz de las naciones”.

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Abr 19 2007

Al anochecer, del día de la resurrección.

Pentecostés es parte del misterio pascual, es su conclusión, cuando el vacío del Maestro se llena de la presencia del Espíritu Santo. Pascua, victoria y don se unen en una sola experiencia.

Todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar.

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Abr 19 2007

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