Reflexiones sobre la lectura del evangelio correspondiente a cada domingo.

“¡He pecado contra el Señor!”. “El Señor te perdona tu pecado. No morirás”.

Cuando el Señor llama, hay toda una serie de acciones con las cuales Él manifiesta su cercanía, “te consagré… te libré… te confié… puse… te di… estoy dispuesto a darte más todavía”. O sea, la llamada va acompañada por su obra que es cercanía y amor. Pero nuestra respuesta, con frecuencia está viciada por la incomprensión y por el pecado. Reconocerlo es el primer paso para llegar al perdón.

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El Señor me llamó desde el seno de mi madre.

Es la respuesta-revelación a la pregunta de quienes somos. Somos una promesa y un proyecto de amor que se construye en la historia humana, la de una madre que te acoge, que te lleva y que te hace. Carne y Palabra (nombre que revela la identidad) te hacen y Dios es el “tu” con el cual construyes tu libertad de relación. ¿Porqué temerle si Él te ama?
La Palabra revela tu identidad y tu misión; no eres Narciso, no eres para amarte, eres para amar, solo así serás “luz de las naciones”.

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Abr 19 2007

Al anochecer, del día de la resurrección.

Pentecostés es parte del misterio pascual, es su conclusión, cuando el vacío del Maestro se llena de la presencia del Espíritu Santo. Pascua, victoria y don se unen en una sola experiencia.

Todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar.

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Abr 19 2007

El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias.

Abr 19 2007

Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos.

El testimonio es el camino de la misión. Palabra y vida se encuentran y se complementan en la verdad de la revelación. El cristiano, la Iglesia, no son los actores de la salvación, Dios es el actor. Nosotros tan solo somos “signos sacramentales” de la obra divina, instrumentos vivos “voz de la Palabra” que revela el misterio de gracia escondido desde la eternidad en Dios y manifestado en el Hijo eterno encarnado. “Contar” la obra de Dios es el contenido de la misión.

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Abr 13 2007

La Palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigimos a los paganos.

Abr 13 2007

Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres.

El compañero de andanzas, el Maestro para el cual se había dejado todo, ya es el Señor y Él está por delante y por encima de todo y de todos. El testimonio ya no es solo nuestro, el Espíritu Santo está y es parte. Sigue el papel del discípulo, del que escucha y pone en práctica, porque esto es el testimonio. Ya empiezan a “beber el cáliz” del Maestro.

Amén.

El número de hombres y mujeres que creían en el Señor, iba creciendo de día en día: aunque el tema de la Iglesia no se mide tanto con número cuanto más con intensidad de amor, es cierto que el don de la vida tiene que estar al alcance de todo el mundo, de todos los hombres, porque nadie es excluido del amor de Dios. La misión está allí, en la capacidad y en la intensidad del amor y la Iglesia tiene que ser el sacramento del amor divino.

Nosotros somos testigos: Cristo, el testigo del Padre; Cristo, el que con el Padre es uno en el Espíritu; Cristo, el sacramento del amor porque Dios es amor.

Ahora, con la resurrección, empieza una nueva presencia de Cristo: “Yo estaré con ustedes todos los días”: los cristianos somos llamados a ser “testigos”, palabra comprometedora a ser discípulos y reveladora de la presencia del Maestro en el testimonio de vida, dimensión sacramental, transparente y realizadora del misterio de amor y de salvación.

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