Reflexiones sobre la lectura del evangelio correspondiente a cada domingo.

Defenderá con justicia al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.

Adjuntos: 

Somos de tu misma sangre.

El misterio de la encarnación conduce al Hijo eterno a asumir la carne y la sangre humana, al mismo tiempo nos permite alimentarnos de la misma carne y sangre del Señor que se hizo eucaristía. Él se hizo hombre para hacer de los hombres hijos de Dios. Con verdad podemos decir: “somos de tu misma sangre”.

Todo fue creado por medio de Él y para Él.

Adjuntos: 

Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno… Pero, para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia que les traerá la salvación en sus rayos.

Adjuntos: 

Vale la pena morir por manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará.

Cuando la vida es la meta de nuestra esperanza, se vuelve luz que ilumina las decisiones, los pensamientos, los criterios y las opciones cotidianas. Hay una continuidad entre la vida recibida como don y la vida entregada en el amor: Dios, que es el comienzo de la vida, la construye para la eternidad.

El Señor, que es fiel, les dará fuerza a ustedes y los librará del maligno.

Adjuntos: 

Tu amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho.

La fidelidad de Dios tiene dos dimensiones: la una es en si misma y la otra es el amor hacia a-fuera, realidad que la califica en su acción de creador y en su acompañar permanente a la criatura. Su fidelidad es el don y la gracia para que la criatura realice el fin que Él puso en el gesto de crear, “Quiero la vida y no la muerte”.

Para que los haga dignos de la vocación a la que los has llamado.

Adjuntos: 

El Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias.

Estamos frente al que es el creador, al que conoce hasta lo más íntimo del ser humano, al que lo tiene todo delante de su mirada. Ya no hay como construir sobre apariencias, sobre modas, sobre “alzada de manos”, sobre mayorías o sobre presiones. A más, Él es padre y mira con cariño a todos, pero sobre todo a los que son marginados por los hermanos. “La oración del humilde atraviesa las nubes” así como “el grito de dolor de mi pueblo llegó a mis oídos”.

Cuando Moisés tenía las manos en alto, dominaba Israel.

Las manos tendidas ya son una oración, la que manifiesta la necesidad que tenemos de Dios. Dios es el baluarte, es el referente. La oración hace subir la mirada hacia el cielo y lo encuentra en una experiencia de comunión.

Toda la Sagrada Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, para reprender, para corregir y para educar en la virtud.

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Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y se le presentó diciendo: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel”.

El justo vivirá por su fe.

El justo, el hombre que no pone su confianza en las cosas porque en ellas solo descubre violencia, injusticia y opresión, es el que encuentra respuesta al dolor en Dios. La fe nos conduce hacia el que es el comienzo, la razón y la meta de la vida, Dios es el baluarte del justo, es su referente porque su confianza está en Él.

Te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.

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