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Monseñor RomeroHéctor Herrera O.P.(*)- Muy joven, por mi trabajo de comunicación, seguía con atención la situación de El Salvador, a través de la radio. Había escuchado del obispo Mons. Oscar A. Romero. Un día sintonicé Radio Noticias del Continente. Tuve la oportunidad de escuchar toda su homilía del 23.3.1980. Me entusiasmó su homilía y sus profundas palabras: “Hago un llamado a los soldados de mi pueblo, matan a sus hermanos campesinos, y ante la orden de matar que viene de un hombre, deben escuchar la voz de Dios, que dice no matarás”.

Tuve una gran admiración y me dije, por fin escuché la voz profética de la Iglesia, que acompaña y se siente solidaria con su pueblo. Y pensé a este varón evangélico, lo matan. Denunciaba los atropellos contra el pueblo pobre, alzaba su voz por los que no eran escuchados. Su valentía, me llevaba a mirar el evangelio. Era como Jesús su maestro, me inspiraba amor, un espíritu libre. Oraba por él, porque es como si presintiera su muerte. Al día siguiente seguía, las noticias internacionales. Me enteré que celebrando la eucaristía el 24.3.1980, lo habían asesinado.

Estaba preparándome para viajar a Lyon, Francia, a estudiar lo que me gustaba los mcs, en la despedida, lo mencioné. No era conocido. Su testimonio de vida, me impactó de tal modo, que me dije a mí mismo, de estos pastores que siguen a Jesús, hasta entregar su vida por su pueblo, necesita hoy nuestra Iglesia.

San Oscar Romero, siguió el camino de Jesús. Escuchó a su pueblo. Les comunicó vida y esperanza. Luchó en la defensa del derecho a la vida, por una sociedad más justa y humana. Recogía el sentir del pueblo. Comunicaba el amor que nace de la justicia y la verdad.

Como el mismo decía, la muerte de su amigo Rutilio Grande, junto a los catequistas y campesinos, cambió su vida. Su voz era la voz profética del maestro, que denunciaba la muerte, producto de las grandes injusticias de su pueblo.

Ejemplo para todos los comunicadores, como investigar, informar, educar, concientizar y unir al pueblo, camino hacia la libertad. De esa libertad de Jesús, porque él había captado el espíritu de Dios, porque amó a su pueblo, no tenía temor a la muerte.

Que sepamos escuchar, caminar, acompañar a nuestro pueblo, para hacernos partícipes de una comunicación afectiva y efectiva donde se respeten los más elementales derechos de todos nuestros pueblos.

* Fr. Héctor Herrera, o.p., Director de Radio San Martín, Perú

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