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Nuestro Cristo es de la gente excluida, marginada, sin consulta. Representa a ese Jesús que se parcializó con gente concreta, real y necesitada. Nuestro Cristo no es de los poderosos. Es el Cristo de los pobres, de los pobres de corazón que sí saben compartir entre todos. No es el Cristo de los ortodoxos (religiosos o económicos) que ocupan los primeros lugares, compartiendo sus cocteles en palacios y embajadas. Nuestro Cristo es de los pueblos ribereños e indígenas que “no existen”, que no figuran en los mapas y cifras gubernamentales.

Nuestro Cristo no abre los brazos para acoger a cualquiera o cualquier cosa. Nuestro Cristo expresa su rechazo a actitudes y políticas que empobrecen alma y cuerpo. Tiene su dedo en alto para marcar su rechazo radical (desde su raíz divina) a todo lo que representa la manipulación del poder comprado y los delitos contra los derechos de la gente sencilla.

Nuestro Cristo no sonríe. Su expresión amarga refleja esa “indignación ética” de que el Mons. Pedro Casaldaliga, Obispo Brasilero, nos habló desde su realidad.

Nuestro Cristo no aguanta ser fijado, cementado según las maniobras de los poderosos. Nuestro Cristo es libre, flotante, siguiendo el ritmo, corrientes, la realidad de nuestra sufrida Amazonia. Pero esa aparente fragilidad es fuerza. Es garante de supervivencia, de resurrección. Un buen sacudido de terremoto terminará con el Cristo de Odegar (Odebrecht-García) mientras el Cristo nuestro seguirá flotando sobre las aguas caudalosas de la Amazonía.

El Cristo de Odegar tiene sus ojos abiertos, buscando el mejor ángulo para la imagen. Nuestro Cristo tiene sus ojos cerrados, confiando ciegamente en la justicia de su causa.

La verdad es que el Cristo de Odegar no puede con el Cristo de la Amazonia. Nuestro Cristo tiene sus aliados en los escritos de la frágil comunidad que el dejó:

“La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua, y el aire …Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo.” (Papa Benedicto XVI, Encíclica Car.Ver. 51)

“intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida en perjuicio de naciones enteras y de la misma humanidad.”(Apar.471); …(los pueblos sufren) las consecuencias negativas que se derivan de un crecimiento marcado por desviaciones y desequilibrios.” (Car.Ver.23)

“Separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios.” (Papa Benedicto XVI).

“Construir en forma consensuada un modelo de desarrollo alternativo, integral, solidario e intercultural, basado en una ética y responsabilidad por la ecología natural y humana, que supere la lógica utilitarista e individualista del actual modelo. Un modelo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común. Este modelo deberá considerarse como un aporte de los pueblos indígenas al desarrollo del país.” (Carta de los Obispos de la Amazonia Peruana. 2011)

“hay que ir, como buenos samaritanos, al encuentro de las necesidades de los pobres y los que sufren y crear “las estructuras justas que son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad…”.(Obispos de América Latina, en “Aparecida 537).

“Fuertes poderes .. pretenden rechazar toda presencia y contribución de la Iglesia en la vida pública de las naciones, y la presionan para que se repliegue en los templos y sus servicios “religiosos”.” (Obispos de América Latina, Aparecida, 504).

“Las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones, especialmente cuando se trata de inversiones de largo plazo y sin retorno inmediato. Las industrias extractivas internacionales y la agroindustria, muchas veces, no respetan los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las poblaciones locales y no asumen sus responsabilidades. Con mucha frecuencia, se subordina la preservación de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la contaminación del aire y el cambio climático”. (Obispos de América Latina, Aparecida, 66)

¡Que viva Cristo! Ese Cristo de las empresas, empresarios, obreros, agricultores, indígenas y mestizos honestos y de buena voluntad.

¡Que viva ese Cristo que da esperanza a los marginados y confirma la victoria final sobre maldades temporales!

¡Que viva Cristo de la indignación ética!

(*) Presidente de la Red Ambiental Loretana, Iquitos

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