Dic 25 2018

navidadComentario sobre el Evangelio que se proclama en la solemnidad de Navidad, ciclo C, correspondiente al 24 de diciembre de 2018.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 2, 1-14.

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio.

Hay un contraste entre la historia propuesta y la historia ordenada: el uno, que es un hombre, ordena, manda hacer el censo para programar sus bienes y sus batallas, el otro, el que se encarna en la historia de los pobres, se propone, se ofrece.

Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad.

Las órdenes obligan, esclavizan, dividen en "quien manda", o sea en quien cuenta, y en quien obedece, o sea en quien es marginado. Son pocos los constructores de la historia, porque las mayorías son excluidas, solo les queda cumplir.

Empadronarse, otro es el "patrón" a quien servir.

Así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.

El nombre de David retoma toda la historia del pueblo, algo distinto a lo del César y de los demás que mandan, es una historia de liberación, de libertad y de fraternidad, en la que Dios Yavhé había sido el centro y el actor de la construcción del pueblo.

Nazaret y Belén se encuentran porque el que "va a nacer" es el punto de comunión: una vez más será Dios la razón verdadera y definitiva de la historia, será la fe la que da alma y vida, será el discípulo el que acoge y da cuerpo a Dios.

María, la esposa, está por ser madre: la espera y la esperanza se unen y se preparan a la acogida.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito;

El tiempo llegó a su cumplimiento, a su plenitud. La creación que "sufre los dolores del parto" encuentra por fin a la vida. Dios no se cansa de los hombres, más, decide poner su casa entre la casa de los hombres. María es el templo en cual es posible llegar a establecer vivencia con Dios. Es el primogénito de tantos que serán y somos hijos de María y hermanos del Hijo del Padre.

Lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

La historia humana es siempre así, no cambia ni con Dios: quien busca un lugar no encuentra posada. Pero siempre habrá un lugar entre los pobres, porque los pobres verdaderos siempre tienen espacio y casa para acoger.

María lo envuelve: ella es la madre, la responsable de la vida; fragilidad de Dios en las manos de una mujer, pero manos de cariño y de amor, garantía de confianza de Dios. Dios es amor y lo que busca es amor.

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