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justiciaTuvieron hambre y se llevaron su comida.

Tuvieron una enfermedad y se llevaron su salud.

Tuvieron sed y se llevaron su agua.

Quisieron educarse y se llevaron su educación.

Quisieron trabajar y se llevaron sus empleos.

Quisieron superarse y se llevaron su progreso.

Quisieron sonreír y se llevaron su felicidad...

Esta es la realidad que clama y reclama justicia. Es la voz que sale desde las entrañas de vidas sin vida que han sido perjudicadas, anuladas, ignoradas, olvidadas, excluidas... por la acción de quienes, en un determinado momento, detentaron el poder y obraron al margen de la ética y la Ley.

Y es que "el tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber..." para el poder, frecuentemente, solo es el pretexto para sacar ventaja y acrecentar sus 'bienes' aprovechando la ocasión. Un 'gran negocio' en el que pierde la vida y 'gana' la corrupción, la impunidad, la ambición, el engaño, la diatriba...

La justicia está para encarar estos desvíos, enderezar caminos, sancionar a quien fractura la democracia, rompe la moral y la Ley, y perjudica directamente el bien común. La injusticia pone en serio riesgo a la democracia.

Bajo esta consideración, tenemos que "reafirmar con constancia y determinación, con actitudes y ante todo con la práctica, el valor fundamental de la justicia", señala el Papa Francisco, lo que es indispensable para el correcto funcionamiento de la democracia, de cada ámbito de la vida pública y privada y para que todos llevemos una vida equilibrada dentro del marco de la ley. Sin justicia, toda la vida social se queda atascada, como una puerta imposible de abrir. Con justicia, al margen de presiones, de coimas, de chantajes, de compadrazgos, de influencias del poder de turno... y en libertad plena, se abre la puerta al bien común, a la solidaridad, a la inclusión, a la equidad.

Nadie, por más pedigrí y palancas que tenga, está fuera del cumplimiento de la ley. La justicia debe ser 'inclusiva', atenta al cumplimiento de los derechos de todos, privilegiando a los últimos, a los más débiles y sencillos, y a su integración plena en la sociedad; en este sentido, debe ser para todos y no 'solo para los de poncho'. "Todas las energías positivas presentes en la sociedad deben contribuir al logro de la justicia, para que ésta, encargada de dar a cada uno lo suyo, se presente como el principal requisito para lograr la paz" (Papa Francisco, 2019).

Todos somos víctimas de los actos de corrupción, los más pobres los más afectados. Corrupción e impunidad que se cometieron en los gobiernos anteriores, en éste y posiblemente en los venideros, merecen, demandan y reclaman restitución por el pan que no comimos, por la vacuna que no recibimos, por el agua que nunca bebimos, por la salud que nos quitaron, por el trabajo que se llevaron, por la alegría que marchitaron..., esa restitución debe ser síquica, económica y simbólica. La restitución se convertirá en un acto de esperanza.

Cuando la justicia hace su trabajo, aires nuevos circulan y renuevan los estamentos sociales, transmiten un mensaje potente de esperanza a la colectividad y se convierte en recurso educativo para las presentes y futuras generaciones. Vuelve a sonreír la confianza y el mañana se pinta de colores.

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Comisión ecuatoriana Justicia y Paz | Con los ojos fijos en Él, en la realidad y la fe

carta No. 45 – 13 de septiembre 2020

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