Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en 34° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B, solemnidad de Cristo Rey.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 18,33-37

Yo Soy Rey

Con la fiesta de Cristo Rey, culminamos el año litúrgico y se inicia un nuevo año. El reino de Jesús, no es como los reinos de este mundo.

Jn 18,33-37: nos presenta el juicio de Jesús ante Pilato, representante del imperio romano, quien le pregunta ¿Eres tú el rey de los judíos? (v.34). Jesús hace una clara diferencia entre su reino y los reinos de este mundo que se basan en el poder, la opresión, la injusticia y la muerte contra los inocentes; cuyo poder está en la fuerza de las armas. Su reino es vida, justicia, verdad, paz, reconciliación, amor, respeto por los derechos fundamentales de todo ser humano. Su relación es horizontal rey maestro y discípulos. El romano y los imperios sucesivos son verticales: dominadores y súbditos. El reino de Jesús exige unidad y coherencia de vida, verdad, testimonio, transparencia de vida.

“Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quién está de parte de la verdad escucha mi voz” (v.37). Jesús, es testigo del amor y la vida. Todo discípulo, a, por nuestro bautismo hemos nacido a una nueva vida para dar testimonio de aquél que es vida; que como “el buen pastor está dispuesto a dar la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). No teme al poderoso romano.

Es consciente que la condena a muerte es evidente. Por eso proclama la verdad, nos hace libres y nos llama a la unidad, porque el reino exige unidad y testimonio, fidelidad a su Palabra para conocer la verdad (cf. Jn 8,31-32).

El soberbio Pilato, como los soberbios poderosos de este mundo se quedan sin escuchar la respuesta ¿Qué es la verdad? (v. 38). No quieren escuchar la verdad. En nuestro mismo país, como en tantos otros, cuando se descubren los miles de muertos inocentes, víctimas de la violencia, no se quiere escuchar ni asumir la responsabilidad de las muertes, consecuencia de la falta del respeto por la vida y los derechos de comunidades excluidas que nunca fueron tomadas en cuenta.

Jesús proclama la Verdad de Dios. Él es el Señor de la vida, la verdad y la historia frente a la mentira de este mundo. Es la lucha entre la luz y las tinieblas. Por eso la Iglesia, comunidad de seguidores de Jesús estamos llamados a ser testigos de la verdad. Porque la Iglesia “germen y principio de este reino” (L.G. 5), está llamada a anunciar el reino de Cristo y a establecerlo entre todas las gentes.

Jesús muere perdonando, amando. Con su resurrección vence a todo poder opresor de este mundo. “Nuestros pueblos no quieren andar por sombras de muerte; tienen sed de vida y felicidad en Cristo. Lo buscan como fuente de vida. Anhelan esa vida nueva en Dios…” (D.A. No. 350). Tu reino es vida, verdad, justicia y paz, he allí el desafío de todo creyente. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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