padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Ciclo A, correspondiente al domingo 14 de junio.  La lectura es tomada del evangelio según San Juan 6,51-58

Yo soy el Pan Vivo

La comida es signo de diálogo y comunión. Las comidas de Jesús, son gestos y acciones proféticas.

Jn 6,51-58: Jesús se presenta “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne” (v. 51). Jesús es fuente de vida, y cambia nuestra vida. El discípulo entra en comunión con el resucitado y en comunidad celebra la vida y la comparte con los demás. Los judíos, como hoy quizás no entendemos esta dimensión tan profunda: su carne y su sangre, son la entrega total de su vida para liberarnos de todo lo que rompe e impide la comunión con Dios y los hermanos. No hay eucaristía donde no existe amor ni fraternidad.

“Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (v.56). Jesús entrega su vida con su muerte para reunir a los hijos dispersos (Jn 11,52) Las primeras comunidades compartían la sangre y el cuerpo de Cristo, porque siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.(1 Cor. 10,16-17). “La comunidad que come de este pan se debe dejar transformar por el pan para convertirse también ella en “pan para la vida del mundo” (Manuel Díaz Mateo: El sacramento del pan).

Jesús es el pan de vida, “Como el Padre que me envió, posee la vida y yo vivo por él, el que me coma, vivirá por mí (v.57).  

La eucaristía nos compromete como cristianos con nuestra realidad, millones de niños, varones y mujeres sufrirán el hambre por esta pandemia. San Juan Crisóstomo nos recuerda: "¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre, y no me disteis de comer, y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos".

Quien se alimenta de Jesús tiene vida, entramos en comunión con él y con nuestros hermanos. Es interesante observar en la mesa de los pobres y de las comunidades campesinas como la comida es una fiesta, porque celebran la vida con alegría, fe y esperanza. En este signo de la comida, del banquete eucarístico, Jesús nos muestra su profundo amor y como creativamente los creyentes tenemos que seguir dándole un sentido profundo a la vida.

No permitamos que la vida termine por el racismo, la violencia, la destrucción de la naturaleza. La fe se nutre en la comida de Jesús: “Quien come de este pan vivirá para siempre” (v.58). ¿Somos signos de comunión, de entrega, de solidaridad con los pobres, cuerpo viviente de Cristo? ¿Nuestras eucaristías son signos proféticos de renovación en mejorar las relaciones humanas y fraternas en el hogar, en el trabajo, en las instituciones educativas, en las formas de vida social que sean reflejos del Pan de Vida que nos transforma y el alimento que nos compromete a recrear la amistad y el amor de unos a otros? Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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