Padre PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama el trigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 17 de noviembre.  Las lecturas son tomadas de los libros de Malaquías 3, 19.20a; 2° Carta del Apóstol San Pablo a los tesalonisenses 3, 7-12; y, evangelio según San Lucas 21, 5-19.

Ya viene el día del Señor, ardiente como un horno... Pero, para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia que les traerá la salvación en sus rayos.

El tiempo solo es medida de la vida. Si nuestra mirada es solo terrenal, el tiempo se vuelve el enemigo de la vida y el arma de la muerte. Los soberbios no son más que los que se encierran en si mismos y resultan incapaces de abrir la puerta del corazón a los hermanos. Los malvados son los que excluyen, los que eliminan de la vida a los demás. Para todos ellos la muerte es la última palabra de la vida y el "día del Señor" será "horno ardiente".

Para los que "temen al Señor" el tiempo será el camino de la justicia y el "día del Señor" pondrá de manifiesto la salvación.

Ya saben como deben vivir para imitar mi ejemplo.

La misión del cristiano no está tanto en la repetición de palabras cuanto más en el testimonio de vida. Pablo se presenta así, como el testigo de la resurrección, el testigo del discípulo, del que hizo del Maestro la razón de su vida, razón total que lo hizo célibe entregado a la misión encargada por el mismo Señor. Imitar se vuelve entender y comprender, antes que repetir.

Como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas.

Es una mirada a las cosas que Dios eligió para manifestar su morada entre los hombres. Pero todo lo antiguo, lo humano hace referencia a lo divino, solo se lo entiende en plenitud cuando se lo hace sacramento de lo que vendrá; así la historia es camino hacia el encuentro, solo queda en el signo del que el Hijo es la plenitud. Construido por el rey Herodes y enriquecido por las ofrendas de los ricos, se contrapone al "enviado" rechazado por Herodes y al nuevo templo construido sobre la ofrenda de la viuda.

Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra.

La historia humana, mirada desde la perspectiva de las cosas, perderá su sentido frente a la muerte, frente a la pascua (muerte y resurrección) del que es la razón profunda de todas las cosas.

Maestro, ¿Cuándo va a ocurrir esto y cual será la señal de que ya está a punto de suceder?

Siempre los hombres somos preocupados del cuando y del como, mientras que el Maestro nos contesta revelando la finalidad de la conclusión de la historia. No es importante la curiosidad, sino la finalidad, la meta y el ideal que está bajo este acontecimiento. Lo valioso es el encuentro con el Hijo del hombre, con el enviado del Padre, con el Salvador que quiere ser al mismo tiempo el Emmanuel; pero el ser humano solo cuenta con su pellejo y con sus cosas. Hay angustia tras de todo esto porque no se descubre la razón, porque no nos abrimos a la revelación.

Cuídense de que nadie los engañe.

Somos fáciles a creer a los "salvadores del momento" a los "salvadores de todo", a los "mesías" que se presentan dejándonos a merced de sus ofrecimientos y de sus campañas.

Muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: "Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado".

La tentación de Lucifer no ha pasado, sigue en la historia. Como que siempre hay la voluntad de querer sustituirse a Dios, de querer ser Dios sin pasar por el camino de la pascua, de la pascua que nos acerca y nos hace comunión con Él. El que utiliza el nombre y no es coherente como discípulo es un mentiroso, es un "Satanás" y hay que tener cuidado.

Pero no les hagan caso.

Ojo, porque lo que estos buscan es de tener seguidores antes que ser discípulos, quieren ser "Mesías y Enviados" antes que ser "compañeros y hermanos". Desde aquí nacen las varias divisiones ya sea en contra de la Iglesia como, puede ser, adentro de la misma comunidad. Nuestra mirada tiene que ser puesta solo en Él.

Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones...

Esto también es parte de un vivir cotidiano, es la presencia del mal, de Caín que no le quiere a Abel, del "final" de la historia que se contrapone a la presencia salvadora que nos invita a convertirnos y a asumir la finalidad de la vida que es la bondad, el perdón, la acogida y el amor. Esto es lo que hay que ganar, esto es lo que gana el Señor en nosotros y con nosotros.

Eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin.

El pecado no es el fin de la historia, así como la muerte no es el fin de la vida. La vida tiene al Salvador. El amor es más grande que el pecado.

Los perseguirán a ustedes y los apresarán.

"El discípulo no es más que el Maestro": el camino está trazado, es el camino hacia Jerusalén, es el camino hacia la pascua de muerte y resurrección, es el camino de la eucaristía, pan partido y entregado para ser comunión. Es la lectura de la persecución que está ocurriendo y que siempre acompañará a la Iglesia en la historia humana cuando esta se manifiesta fiel a su Maestro.

Con esto darán testimonio de mí.

El testimonio, que es martirio, manifiesta la revelación y la fidelidad: la pascua sigue presente y el discipulado la expresa.

Yo les daré palabras sabias... No caerá ningún cabello...

Esta es la comunión celebrada en la eucaristía y vivida en lo cotidiano del ser discípulo, del ser testigo-mártir. Dios está con nosotros, Él es el baluarte, Él es la Palabra, Él es la Resurrección y la vida.

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