Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el 18° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 5 de agosto de 2018.  Las lecturas son de Ex. 16, 2-4.12-15; Ef. 4, 17.20-24; Jn. 6, 24-35.

La historia del hombre es una historia marcada por la tristeza porque su historia tiene en sí misma la realidad de la muerte, una realidad que parece quitar la misma razón a la vida, todo parece reducirse a la muerte. La filosofía del último siglo está marcada por el drama de la muerte y no sale del asombro porque quiere reducir el todo al juego con las cosas y a la búsqueda inútil de la eternidad física. Si no hay espíritu, no queda más que tierra y tiempo. Es en el medio de la verdad del barro cuando Dios da el soplo de la vida, el Espíritu de su vida, el don del Verbo, allí donde "era la vida y la vida era la luz de los hombres" (Jn. 1,4). La biblia, cuando habla de vida, habla de ojos que ven, habla de boca que dice, habla de oído que escucha, habla de manos que estrechan, habla de pies que andan, habla de victoria sobre la enfermedad, habla de felicidad.

Voy a hacer que llueva pan del cielo.

Mientras Dios quiere conducir hacia una tierra de promisión, hacia una vida de siempre, el hombre sigue parando su mirada a las cosas, a una vida que termina en el estómago, en las riquezas. ¿Qué mismo quiere el hombre? Pan y carne, o sea una realidad que se recoge en la tierra y que no logra ir más allá de la tierra. El hombre quiere discutir y cuestionar a Dios, a un Dios que lo conduce a mirar más allá, a un Dios que frente a las murmuraciones no responde con la misma palabra sino que, con el signo del "maná donado" le manifiesta su cercanía, se hace maestro que educa a controlar la avidez de las cosas para hacerse capaz de fiarse de Él. El hoy y el futuro no son propiedad nuestra, son don de Dios. De aquí la propuesta no para acumular cosas, sino para acumular solidaridad para vencer el hambre de los pobres.

Revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios.

La vida es el desierto, allí donde se juega la intervención de Dios que libera de la esclavitud de las cosas de Egipto y allí donde el hombre sigue queriendo volver a la muerte de Egipto. La vida del ayer pagano contrasta permanentemente con el hoy de la propuesta y del don del Hijo amado. Ignorancia de la mente y dureza del corazón hacen insensibles y esclavos de la impureza y de la avidez de las cosas.

En aquel tiempo, cuando la gente vio... se embarcaron y fueron a Cafarnaúm...

La gente busca y Jesús se aleja. El milagro es entendido en forma distinta: para Jesús el milagro estaba en el compartir, para la gente estaba en la cantidad de pan multiplicado; para el uno es un compromiso, para los otros es la cómoda solución a un problema.

Al encontrarlo... le preguntaron: "¿Maestro, cuando llegaste acá?"

Buscar al Maestro es importante, pero más importante es la razón por la cual lo buscas.

Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido..."

Es la diversidad de quien viene y revela lo más hondo del corazón humano y de quien solo se queda y mira el polvo representado por el pan que llena el estómago. El Maestro quería hacer familia y la gente solo busca el pan. La equivocación entre la revelación de Jesús y el entendimiento del hombre es siempre actual. ¿Por qué le buscas y que quieres de Jesús? El triunfo humano para Jesús es un fracaso, es la prueba de no haber logrado hacer entender el "signo" del milagro.

No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna.

"No solo de pan vive el hombre": la tentación es permanente. Jesús venció al tentador ¿y nosotros? Es constante la búsqueda del milagro también en el ámbito de grupos religiosos mientras que el Maestro nos invita a la fe, a fiarnos de Él más que de los milagros.

La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien Él ha enviado.

Así como el pan humano hace familia cuando se lo entiende como signo del sudor, de la esperanza, del esfuerzo, del ideal del papá y de la mamá que quieren ser matrimonio, comunión de amor y don de vida, así quien entiende al Enviado como fuente de amor, entiende que Él es el pan que hace Iglesia, hace familia de Dios.

Entonces la gente le preguntó: "¿Qué señal vas a realizar... Nuestros padres..."

¿Buscas señales o buscas cosas? El maná era de Dios y no de Moisés y era signo como el pan multiplicado. En sí tenía un contenido pobre porque solo facilitaba la vida marcada por el tiempo y por la muerte.

Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo.

No es solo un regalito que prolonga unos momentos de la vida, sino la fuente de la vida, la Palabra pronunciada y transmisora de la misma vida divina.

"Señor, danos siempre de ese pan... Yo soy el pan de la vida..."

El pan comido y asimilado se hace vida de quien lo come. El Hijo de Dios comido y asimilado se hace vida de quien lo escucha, de quien lo acoge, de quien cree, de quien se pone en sus manos.

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