Padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el segundo domingo de Adviento, ciclo C, correspondiente al domingo 9 de diciembre de 2018.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 3,1-6

Verán la salvación de Dios

Lc. 3,1-6, centra su atención en el llamado de Juan, que igual que los profetas nos invitan a un cambio de vida. Tocado por la Palabra de Dios, comienza a recorrer la región del río Jordán, predicando un bautismo de conversión.

Juan hace suyo el mensaje de los profetas, como Isaías, anuncia una era de paz, preparar los caminos del Señor. Porque el Dios en quien creemos no abandona a su pueblo ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15).

Juan es obediente y dispuesto a cumplir este llamado a un cambio radical en nuestra vida personal y social. Dios nos ofrece la salvación a todos: “todo mortal verá la salvación de Dios” (v. 6). La respuesta de todo ser humano es escuchar la voz de Dios.

No hay paz sin justicia, ni justicia sin reconciliación con Dios y con el hermano. La salvación está cerca. Dios nos invita a revestirnos del “manto de justicia” (Bar 5,2) nos urge por medio del profeta Juan a convertirnos porque el Mesías está próximo. Para ser partícipes de su salvación es urgente cambiar en nuestro interior, valorarnos como personas con dignidad y trabajar para que la justicia de Dios nos motive a crear condiciones de seguridad y respeto por la vida humana, que los mantos de luto por tanta muerte y dolor queden atrás, para dar paso a un cambio de corazón más sensible al amor, a la fraternidad, a la búsqueda del bien común. Dios se acerca al humano para hacerlo divino. Por eso “Dios te dará un nombre para siempre Paz en la Justicia, Gloria en la Piedad” (Bar 5,4)

Todos estamos llamados a una profunda conversión que significa, dejarse tocar por la Palabra de Dios, que es fuerza viva y eficaz, nos llama a proclamarla y a realizar la misión de anunciarla a otros, en el corazón de nuestra familia. Es allí donde valoramos, oramos y bendecimos a Dios para que haya más unión familiar, más respeto por la dignidad de la mujer y del varón, fidelidad y confianza para que realicemos plenamente la salvación de Dios, cuando escuchamos su Palabra como alimento que nos congrega en la mesa del compartir la vida de Aquél que se hace uno con nosotros.

El mundo de hoy necesita mujeres y varones valientes como Juan que se enfrentan a los poderes de la muerte, corrupción, poder, dinero, vanagloria, insensibilidad e indiferencia para prepararnos para recibir a Jesús que viene y que llega para cambiarnos como personas nuevas.

El bautismo de Juan es un bautismo de conversión, de cambio de vida, pero detrás viene el Mesías, que nos bautizará en el agua, el fuego y el Espíritu Santo (Lc 3,16). Todos estamos llamados a la conversión para ver la gloria y la salvación de Dios en este mundo. El mundo nuevo dependerá de cada uno de nosotros, para reconocer en cada acción la bondad de un Dios cercano y solidario con toda la humanidad. (Fr. Héctor Herrera, o.p.

social_buttons

Enviar un comentario nuevo

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.