padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el decimoséptimo domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 26 de julio de 2020.  La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 13,44-52.

El tesoro escondido

Cuando los  arqueólogos, investigadores y científicos quieren descubrir un resto arqueológico, un aporte para la historia, la ciencia y la comprensión de la vida humana,  buscan la verdad. Invierten dinero y se entregan a ese trabajo con mucho amor y constancia.

Mt 13,44-52: nos habla del tesoro escondido, la perla fina, la red, lo nuevo y lo  viejo, acerca del reino de Dios.  Cuando tú descubres en  tu vida y en tu entorno a Dios, que te cuestiona y vuelves a ser tú, has descubierto ese tesoro y esa perla preciosa. Que Él es un amigo que te tiende la mano y te sostiene, pero al mismo tiempo nos exige una respuesta libre, constancia y firme voluntad de construir ese don que te ofrece gratuitamente.

Las parábolas del tesoro, perla, red, se refieren a encontrar con alegría ese tesoro que es Dios. La vida del creyente está en el desprendimiento y la generosidad. En el gesto del sacerdote Jorge Álvarez Calderón que entregó su vida al servicio y acompañamiento de los pobres como MTC, ONIS, FAS, renunció a sus bienes para compartir la vida del pobre, su tesoro estaba en Dios (cf. Mt 19, 21), en el gesto de solidaridad de Mario Romero, dio a un precio justos los balones de oxígeno. Murió como las victimas del Covid-19. No acumuló para su sí, descubrió los tesoros del reino (Mt 6,20)

Acoger el Reino de Dios en nuestras comunidades cristianas nos exige desprendimiento, generosidad, solidaridad con todos, sin exclusión “llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios, no nuestra” (2 Cor 4,7)

La pandemia de coronavirus nos hace mirar en la profundidad de nuestro interior y del mundo de hoy, descubrir el tesoro de Dios, presente en nuestra historia, descubriendo lo nuevo, en los acontecimientos, la gracia de Dios actúa, creando relaciones fraternas, justicia en la salud, educación, trabajo, una economía que incluya a los que quedarán más excluidos. Valorar esa presencia de Dios en el pobre y desvalido, participando como pueblo de Dios es encontrarnos con la fuente de vida “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21)

El reino de Dios es un don para todos los que lo aceptan y lo descubren en la realidad y experiencia cotidiana de la vida. Nos presenta retos ante una sociedad  idolátrica del ego, del poder, del dinero,  que subyuga al ser humano como un objeto. Frente a la deshumanización, Dios nos invita a recrear la imagen viva de Dios que es el ser humano.

Salomón, no pidió riquezas ni bienes, sino sabiduría para saber escuchar y gobernar (1 Re.3,9-12). Necesitamos capacidad para escuchar, discernir y gobernar con humildad y servicio.

La esperanza del pobre no puede ser defraudada. Dios nunca nos defrauda, somos los humanos quienes nos oponemos al proyecto de Dios: el amor, la verdad, la reconciliación. Sólo las heridas serán sanadas con amor. Dios es amor y quien lo ama, fructifica ese tesoro en el amor a sus hermanos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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