padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el Tercer Domingo de Adviento, ciclo B, correspondiente al domingo 17 de diciembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 1,6-8.19-28.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Juan es todo vuelto hacia el Evangelio, hacia la Palabra enviada. Él también es enviado, o sea, su razón de ser y su misión es fruto de un envío: todo entra en el plan de Dios que, desde la eternidad, ha pensado en eso.

Vino como testigo.

El enviado tiene la misión de manifestar, de hacer conocer, de ser "sacramento", por eso es testigo, porque él habla de quien lo ha enviado: el eje es el que envía. Testigo es el que manifiesta, es el que revela, es el mártir.

Para dar testimonio de la luz.

La luz manifiesta la vida; es el comienzo de la creación; es la que permite leer la historia, ver los procesos y apuntar hacia la meta. Es la imagen del profeta que sintetiza en si todos los profetas: ser luz en una historia de oscuridad y de pecado.

Para que todos creyeran.

El fin del testimonio y de la profecía es conducir al encuentro con la Verdad, es hacer que cada hombre entre en conversación con la Verdad, para que descubra la verdad de si mismo que se revela en el encuentro y en el diálogo.

Este es el testimonio que dio Juan.

El verbo presente manifiesta y revela la verdad de todo testimonio: "lo que hemos visto, lo que hemos oído, esto os decimos". El testimonio siempre es lo que se vive, no tan solo lo que se dice.

"¿Quién eres tu?". Él reconoció y no negó quien era... "Yo no soy el Mesías".

La historia es el lugar donde se juega la verdad de la relación con la Luz, donde se hace verdad la escucha de la Palabra, donde se vive la verdad del encuentro con el Evangelio: hace falta la verdad de la respuesta. Los fariseos ya son la verdad del rechazo de la Luz, de la Palabra, del Evangelio: el testigo provoca reacción y contrariedad al poder de este grupo. El testigo da razón de si mismo, testigo o sea mártir.

"Yo soy la voz que grita en el desierto".

La voz permite a la Palabra de "revelar el corazón del Padre". La voz hace que toda voz de la historia encuentre la Palabra de la esperanza y de la vida: todo grito de dolor, toda voz de sufrimiento y de marginación, todo dolor de injusticia y de esclavitud es voz que encuentra la Palabra, la Luz y la Vida.

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