Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, ciclo C, correspondiente al domingo 16 de junio de 2019.  La lectura es tomada del evangelio según San Juan 16,12-15

Somos imagen de Dios

¡Señor, dueño nuestro que admirable es tu nombre en toda la tierra ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? Le diste el mando sobre todas las obras de tus manos (Sal 8). En toda la creación nos manifiesta la sonrisa de Dios y su amor es tan grande que somos imagen suya.

“Déjate abrazar” es la campaña que lanzarán los jesuitas de Latinoamérica y parte de Europa, para potenciar su misión en la Amazonía, en consonancia con el Sínodo pan amazónico para que todos tomemos conciencia de cuidar la creación que Dios ha puesto en nuestras manos, para fijar nuestra mirada y soluciones en defensa de la Amazonía, pulmón de la humanidad.

Desde nuestra fe, nos preguntamos ¿Cómo ser imágenes de Dios hoy? Fijémonos en los pueblos originarios juzgados por leyes occidentales, sin ser escuchados.

Jn 16,12-15, es un pasaje de despedida de Jesús de sus discípulos: “Muchas cosas tengo que decirles, pero no pueden comprenderlas ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará a la verdad plena” (v.12-13). Jesús nos muestra al Padre, “Quien me ha visto ha visto al Padre. El Padre que está en mí, es el que hace las obras. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14,9-11)

El Dios en quien creemos es comunión, no es un Dios solitario, es un Dios Amor. Él envió a su Hijo Jesús para que participáramos de la naturaleza divina: “El Padre y Yo somos uno” (Jn 10,30). Su misión es comunicarnos el amor y la misericordia de Dios, como hijos suyos. El Espíritu nos recordará las enseñanzas de Jesús. Él ora por nosotros para que seamos uno, “como tu Padre estás en mí y yo en ti” (Jn 17,21). Somos criaturas nuevas por nuestro bautismo con una misión bien concreta hacer realidad la fraternidad, la justicia y la paz, cuidando la creación.

El Espíritu viene en nuestra ayuda (Rom 8,26) para enseñarnos que el amor de Dios se concretiza en las personas, en el cuidado del medio ambiente, en la comunidad. Como seguidores de Jesús, abramos nuestros corazones al Espíritu Santo, superando las divisiones, viviendo en armonía y tolerancia el amor a Dios, amando uno al otro con ternura.

Toda nuestra vida cristiana, tiene relación con la Santísima Trinidad: cuando decimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, experimentamos el gran amor de Dios, que se traduce en alegría y encuentra su plenitud en el amor humano, en el amor conyugal entre un varón y una mujer, abierto a la vida y a la educación de los hijos (DA 117). La familia es un signo de esa vida trinitaria, porque Dios, nos ama y podemos sanar las heridas y abrirnos caminos de fe y de esperanza, si profundizamos nuestra vida de oración y compromiso.

El Espíritu nos lleva a la misión como Iglesia, que es comunión, porque a cada uno le ha dado diferentes dones y éstos tienen que estar al servicio de la comunidad. Somos imagen de Dios, cuando cada uno sienta al otro, a, como hermano, cuando trabajamos para que se respeten los derechos humanos no sólo nuestros, sino de los demás. No podemos pensar ni sentir en un individualismo ciego y egoísta que no construye. Vivamos las experiencias solidarias que construyen una comunidad de hermanos y hermanas (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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