Padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el vigésimo quinto domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 23 de septiembre de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 9,30-37

Servidor de todos

Jesús explica a sus discípulos: el "El hijo del hombre va a ser entregado", se refiere al Siervo de Yahvé (Is 53,12). Los discípulos no lo entienden, discuten quien será el más importante. Mc 9.30-37, se refiere al segundo anuncio de su pasión y resurrección.

Muchas veces tenemos una visión triunfalista. Jesús sabía que por su coherencia de vida, amor, verdad, sabiduría de Dios manifestada en la justicia y la paz, iba a ser violentamente matado. Su muerte nos daría vida.
Los discípulos, como nosotros, discuten quien ocupará el primer lugar. Estamos interesados por el poder, antes que por el servicio. Llamó a un niño (v. 36), insignificante, desprotegido, lo acaricia y nos dice: "Quien reciba a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe. Quien me recibe a mí, no es a mí a quién me recibe, sino al que me envió" (v.37). El servicio a todos, debe comenzar por el último de la sociedad. Sabemos que nuestros niños, as, padecen desnutrición, enfermedades, falta de educación y de servicios básicos elementales. Ellos serán los primeros, porque son acogidos y preferidos de Jesús, por su sencillez, honestidad, capacidad de decir y hacer las cosas bien hechas.

¡Cuánto tenemos que ver en nuestras actitudes como Iglesia! ¿Cómo ejercemos la autoridad, el cuidado de todos como servicio? Dejémonos guiar por la sabiduría de Dios para ser asertivos en la búsqueda de la paz y la justicia "La sabiduría que viene de lo alto es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y de buenas obras sin discriminación ni fingimiento. Los que trabajan por la paz, siembran la paz y cosechan la justicia" (St 3,17-18).

Cada cristiano vamos comprendiendo en el camino del discipulado, que la cruz de Jesús es signo de libertad para dar vida. Y damos vida cuando acogemos, escuchamos y acompañamos al otro. Que el servicio nace del amor a Dios y al hermano, que no espera recompensa, ni dádivas humanas. La autoridad ejercida con honestidad se pone y vela por el servicio de sus hermanos.

Sólo la cercanía del discípulo a su maestro, nos hará comprender la gran dimensión del amor de Dios, que se hace uno y se entrega en el servicio al más pequeño, para enseñarnos que sólo el amor es capaz de transformar el mundo desde el corazón y el sentimiento de los pequeños y sencillos. Los valores del reino de Dios vamos haciéndolos realidad en la vida cotidiana y en la profundidad de la Palabra de Dios, como camino de una nueva evangelización. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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