padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el décimo tercer domingo del tiempo ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 28 de junio.  La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 10, 37-42

Ser discípulo de Jesús

Mt 10,37-42 recoge la experiencia de la comunidad cristiana y nos plantea, Jesús nos exige más allá de los lazos de sangre, un seguimiento radical, incluso la cruz, porque Él entregó su vida en la cruz para que tengamos vida.

El discípulo fiel a su maestro entrega su vida por amor, como lo hacen muchos creyentes como los mártires de la ecología en América Latina, Filipinas, África: "Si sufres calor planta un árbol, si amas la vida planta muchos árboles. Dios nos habla en las Escrituras y en la naturaleza, decía Diana Isabel Hernández Juárez a los niños que formaron la brigada de reforestación. N 7.9.2019 fue acribillada por un aluvión de ametralladora.

Seguir a Jesús es dejar honores, fama, prestigio. Es acoger el amor a Dios para vivir una vida nueva, como nos recuerda Pablo (cf. Rom 6,3-4.8-11). Quien muere al mundo egoísta, indolente e indiferente, descubre el amor solidario en quienes más lo necesitan, se da cuenta del sediento, lucha junto con la comunidad contra la injusticia y la corrupción. Siempre está en búsqueda. Es tener un corazón de puertas abiertas para descubrir el amor a Dios y a los hermanos.

La apertura de los discípulos de Jesús nos permitirá "Tomar la cruz", identificándonos con su proyecto. Como profeta se enfrentó a los poderes religiosos y políticos de su tiempo. Hoy sus seguidores dan su vida por Él. Los cristianos estamos llamados a dar testimonio de Jesús con acciones pequeñas en la vida cotidiana. A quien entrega su vida por amor y acoge con amor a su hermana, hermano, "aún un vaso de agua fresca que le dé a un discípulo mío. Les aseguro que no quedará sin recompensa" (42)

Cuántos cristianos calladamente entregan su vida por amor, en las selvas amazónicas, en el voluntariado en hospitales, están en primera línea junto al personal sanitario, en campañas de oxígeno para salvar vidas de la pandemia de coronavirus. Cuántas mujeres laicas, religiosas, laicos, entregan su vida en los lugares marginales y excluyentes, se juegan la vida por los pobres, huérfanos, ancianos, enfermos terminales! Su fe con obras, son testimonio del seguimiento a Jesús. Así como comunidades de creyentes incomprendidos siguen con alegría el evangelio portando educación, iluminando la vida de tantas personas sedientos de vivir una vida con dignidad. Son comunidades samaritanas que vendan las heridas de los pobres, como lo hacía Jesús.

Que ningún sufrimiento nos haga olvidar a Cristo, centro motor de nuestras vidas, para que con alegría sigamos transmitiendo la buena nueva, a un mundo necesitado de amor y de reconciliación. Que el amor de Jesús nos urja a ser seguidores fieles de la vida evangélica. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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