padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el décimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, correspondiente al domingo 5 de julio de 2020.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 11,25-30

Los sencillos son tus preferidos

Mt. 11,25-30, Jesús exclama con alegría esta hermosa oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque haz ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las diste a conocer a la gente sencilla. Sí, Padre, ésa ha sido tu elección” (vv. 25-26)

La Iglesia, pueblo de Dios está buscando volver a los orígenes del evangelio de la alegría. El obispo de Roma, Francisco, nos enseña: “cuánto querría una Iglesia pobre y para los pobres…”. Sus gestos nos permiten ver como los preferidos de Jesús son las multitudes de emigrantes, con hambre y sed de justicia y de paz.

Jesús nos muestra el verdadero rostro de Dios amoroso y misericordioso, alaba la creación, se recrea en los humildes que aspiran a vivir el conocimiento de Él y de su Padre (v.27) Conocerlo es amarlo y amarnos. Los pobres sienten la alegría de la solidaridad y la gratuidad del amor. En cambio los soberbios oprimen a los débiles, cierran su corazón y su mente a Dios en esta pandemia de coronavirus. Porque el orgullo y la ambición del dinero y poder los enceguecen.

“Vengan a mí, todos los que están cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré” (v, 28). Jesús es vida, salud, fortaleza. Nos invita a volver a los caminos del bien, para encontrar tranquilidad (Jr. 6,16) y liberarnos del pasado opresor de los fariseos y doctores de la Ley que habían creado una serie normas religiosas y las imponían al pueblo (Mt 15,1-9)

Jesús se dirige a los poderosos de su tiempo, creían tener en sus manos el poder de Dios y habían hecho de la Ley una carga insoportable con sus 643 preceptos y con un rigor de interpretación sobre purificaciones, ofrendas, sacrificios y descanso del sábado, que se convertía en un yugo deshumanizador.

El yugo de Jesús es el amor. Frente a las pesadas leyes que los fariseos imponían obligaciones que ni ellos eran capaces de cumplir” (Mt, 23,2-4), Jesús nos propone el amor. Sólo el amor libera, dignifica, nos hace crecer y madurar en la vida. La ley del dominio y opresión sobre el otro, es no reconocer el amor de Dios y amar al otro.

¿Quiénes son los pequeños? los excluidos de nuestra sociedad: niñas, niños, familias que viven hacinadas por falta de vivienda, alimentación, trabajo, personas enfermas de coronavirus. Unos, sabiendo del peligro, se han quedado allí, por su misión como cristianos por su cercanía y solidaridad. Como dijera el Papa Francisco, en un Plan de Resurrección: “En este tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. En esta tierra desolada, el Señor se empeña en regenerar la belleza y hacer renacer la esperanza: “Mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?” (Is 43, 18b). DIOS JAMÁS ABANDONA A SU PUEBLO, ESTÁ SIEMPRE JUNTO A ÉL, ESPECIALMENTE CUANDO EL DOLOR SE HACE MÁS PRESENTE. (Fr. Héctor Herrera, O.P.)

 

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