Padre Giorgio PeroniComentario al Evangelio que se proclama el undécimo domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 17 de junio de 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 4,26-34

La semilla germina....

Nos encontramos con la fuerza irresistible de la semilla, el producto de la vida que crece no depende del sembrador, sino de la semilla misma, de lo interior de la semilla que crece por sí sola. Se trata del sembrador que siembra la Palabra y que al final cosecha, todo lo demás es obra de la semilla misma. La atención está puesta allí, en la obra de la Palabra misma más que del campesino. Hay que entender y contemplar lo que el mismo Señor hace porque el Reino es suyo.

Sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece.

El Reino, que es el resultado de la siembra, es de Dios, es preciso que el sembrador contemple la obra que crece para tener la capacidad de entender, de seguir, de acompañar el proceso sintiéndose parte y descubriendo la semilla en el propio corazón. En un tiempo en que parece que Dios ya no tiene el mismo espacio en la decisión de la vida humana, es propio y urgente volver la mirada a la semilla que crece por si sola, con la fuerza propia. Frente a un espacio y a una realidad de anuncio de la Palabra y de Catequesis un tanto al margen de la Palabra, es preciso volver la mirada a la fuerza propia de Dios que siembra con su Palabra.

Es como una semilla de mostaza...

Es el camino de siempre de Dios, Él siempre empieza desde lo pequeño para que resulte claro que la obra es suya y no es el resultado del sembrador. Entre el comienzo de la obra y la conclusión hay una diferencia grande que está en los resultados, una semilla tan pequeña, casi invisible, produce frutos y se hace lugar de acogida y de descanso.

Estamos en la propuesta alternativa a lo propio de los humanos que miden todo con el tema de las inversiones y de resultados numéricos, aquí estamos frente a una propuesta que siempre va más allá de lo imaginable para descubrir que todo es obra de creación y de amor, de gratuidad y de bien.

Hecha ramos tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra.

Los que han puesto su confianza total en la Palabra, colocan su casa allí, allí donde hay espacio disponible y, sobre todo, hay un corazón acogedor y que espera. El tema de la pequeñez y de resultados extraordinarios es común encontrarlo en el camino de Dios con su pueblo y es difícil encontrarlo en la respuesta de los cristianos pero el camino está por esa vía.

A sus discípulos les explicaba todo en privado.

Es necesario tiempo, es necesaria reflexión, es necesario silencio, es necesaria oración, es necesario "estar a solas con quien sabemos que nos ama".

Escuche o descargue el audio aquí

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