padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el décimoquinto domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 12 de julio de 2020.  La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 13,1-23

La semilla da fruto

Mt. 13,1-23, Jesús subió a una barca, junto al lago, la gente sencilla lo escucha con atención. Les habla de la vida del campo, con la parábola del sembrador. El sembrador es Dios. La semilla es la Palabra que oían aquellos varones y mujeres que conocían la realidad de su tierra en Palestina.

Jesús hoy nos habla de la fuerza de su Palabra, transforma el corazón de cada oyente, el 30, el 60, el ciento por uno. La Palabra de Dios es vida, tiene una fuerza transformadora en el corazón de quienes estamos abiertos a Dios, para producir frutos. Exige la libertad, cooperación y responsabilidad de los discípulos.

Jesús nos enseña: los que aceptan la Palabra, comprenden los misterios del reino de Dios. Este reinado de Dios es sembrar amor, justicia, tolerancia, paz. Frente a las seducciones o dificultades de la vida, la semilla puede ser ahogada por los afanes de este mundo: la ganancia del dinero a costa del dolor y la necesidad de los pobres, una economía indolente que deja a los más pobres sin tierra, techo, trabajo, agudizada con esta pandemia de coronavirus.

Escuchar la Palabra de Dios es poner atención al que siembra. Escuchar con el corazón y dejar empapar la tierra por la lluvia y la haga germinar para que dé semilla al sembrador y pan al que come (Is 55,10-11)

“Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la Palabra y la entiende. Ese da fruto: cien, o sesenta o treinta” (Mt 13,23). La Palabra de Dios es semilla de vida, libertad, conversión, testimonio de vida, proclamada con alegría y esperanza despierta la conciencia y el ánimo en las comunidades cristianas, dispuestas a proclamar el reinado de Dios en este mundo, atentas a cultivar una cultura de vida y defensa del medio ambiente.

Esta pandemia nos enseña a valorar la vida como don de Dios, cuidar, cultivar y proteger la creación. Crear condiciones de vida más humanas y dignas. Urgir a los que manejan el poder y la economía a forjar un espíritu solidario e inclusivo con los pobres y para los pobres.

La Palabra de Jesús es rechazada por la dureza de corazón. Germina en el corazón sensible a Dios, a la realidad de la vida y con el testimonio.

Jesús ha sembrado su Palabra, con generosidad y amor en tu corazón, porque te ama y quiere que produzcas frutos de calidad, como familia, maestro, a, estudiante, profesional, obrero.

Como discípula, discípulo, Jesús quiere tu decisión, tu disponibilidad para ser una comunidad cristiana testigos de vida, luz, verdad. La palabra de Dios vivida y practica da frutos a nivel personal y comunitario en el personal sanitario, buscando unidad y comprensión en la familia y en la sociedad.

El apóstol Pablo nos recuerda “…esta humanidad tiene esperanza de que será liberada de la esclavitud de la corrupción para obtener la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom 8,20-21).

 El amor a Dios y de respeto del uno por el otro, nos motive a sembrar esa semilla del evangelio en el corazón de nuestra sociedad, para ser una humanidad nueva y solidaria.  (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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