padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama en la festividad de la Santísima Trinidad, ciclo A, correspondiente al domingo 7 de junio.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan. 3,16-18

Dios es amor

El pueblo de Israel tiene la experiencia de un Dios compasivo y misericordioso, cercano a su pueblo. Moisés siente su presencia, pasa delante de él: "Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad" (Ex 34,6). Este es el Dios que nos comunica Jesús, nos acompaña, nos enseña el camino de la libertad para ser personas libres.

Jn 3,16-18: Jesús dialoga con Nicodemo, quien lo busca de noche. Él se manifiesta como el hijo de Dios que se encarna en nuestra historia: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para quien crea en él no muera, sino tenga la vida eterna" (v.16). Dios es amor. Él nos ama con un amor total, como un Padre ama a sus hijos. Dios es amor y comunión, nos recuerda San Pablo: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan siempre con ustedes" (2 Cor 13,13).

Dios es amor. "Quien no ama, no ha conocido a Dios, ya que Dios es amor" (1 Jn 4,8). El Dios de Jesús, es un Dios cercano, que entra en nuestra vida e historia. Dialoga, comprende, ama y nos da su paz.
"La familia es imagen de Dios, que en su misterio más íntimo no es una soledad, sino una familia. En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino" (D.A. No. 434).

Jesús vivió el amor en el corazón de la familia. Busca a las personas, nos comunica el amor de Dios su Padre en la creación, en el don de las personas. "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre ¿cómo pides que te enseñe al Padre" (Jn 14,9), le dice a Felipe, como puede decirnos hoy a nosotros; conocerlo, creer en Él como camino de comunión con el Padre y con nuestros hermanos: "Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre, sino es por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre" (Jn 14,6-7)

Vivir este misterio de la Trinidad. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, es reconocernos que todos mujeres y varones somos imágenes vivas de Dios. Somos una familia llamados a respetar, promover y defender la vida humana, pensar en el planeta que queremos dejar a las futuras generaciones, proteger el medio ambiente: conectar a las personas con la naturaleza. Dialogar, crear el encuentro entre las personas, una cultura de paz.
Este tiempo de coronavirus, nos permite sentir la experiencia de Dios Santo, misericordioso que nos da a su hijo para salvarnos, nos comunica su Espíritu de amor para vivir la alegría del evangelio, construyendo familia, renovar nuestra vida en relación con la naturaleza y emprender un nuevo camino de fe y de esperanza que vivamos su amor con nuestros prójimos.

La fe se vive en comunidad. Es ponernos en camino para acoger al otro, sentirnos amigos, hijos de un mismo Padre, confesando la unidad de "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, entre todos, en todo" (Ef 4,5-6). Si nos dejamos guiar por Espíritu (Rom 8,14), viviremos la presencia de Dios aquel que es, que era y que vendrá, agradeciéndole por la vida, lo creado y por toda hermana, hermano, imagen de Dios. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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