Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el vigésimo primer domingo del tiempo ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 25 de agosto de 2019.  La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 13,22-30

La salvación exige esforzarnos

Lc. 13,22-30: Jesús camina resueltamente a Jerusalén para cumplir la voluntad de su Padre. Uno de sus discípulos, le pregunta, como nosotros ¿Cuántos serán los salvados? Él no presta atención, porque los maestros de Jerusalén, como algunos hoy, quieren reducir la salvación, a ser los “elegidos”, al miedo, al castigo, al cumplimiento de una serie de normas, que no tocan el corazón del ser humano, ni la sensibilidad al prójimo.

Jesús va mucho más allá de quedarnos en el número de los salvados. Él nos pide: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán” (v.24). No basta que digamos somos cristianos, sino como cambiamos en nuestra vida: dejar la soberbia, el egoísmo estrecho que no piensa en el hermano, la sed y la ambición de poder no para servir, sino para servirse, la doble vida que nos arropa en un manto de arrogancia.

Esforzarse por entrar por la puerta estrecha es seguir a Jesús. Ser su testigo, es tener fe, vivir el llamamiento de Jesús. Es construir su reino de amor aquí y ahora: la bondad, la afabilidad, el respeto y la autoestima para poder juntos sentarnos a la mesa de su reino. No basta decir que conocemos a Jesús, sino como su Palabra ha cambiado nuestras vidas. Cómo hoy concretamente en el corazón del hogar, escuchamos y practicamos la Palabra de Dios, enseñándoles a los hijos a descubrir el rostro amoroso de Dios como un Padre y una madre que está atento a nuestras necesidades, pero que requiere nuestra participación, nuestra conversión diaria y continua. Aun pese a las dificultades de la vida, tenemos que tener una fe profunda que Dios nos corrige porque nos ama. Que El fortalece nuestras manos cansadas y robustece nuestras rodillas para caminar por el camino recto, junto a nuestros hermanos. (Heb. 12,12-13).

Fr. Lino había dejado país, su desempeño como profesor. Había optado por la misión entre los pobres de la tierra. Su pasión dominicana, por anunciar el evangelio hacía de su vida un compromiso con los más desheredadados. Sentía en carne propia el sufrimiento de los desaparecidos. Luchó cada día en defensa de la vida, hasta que 19 años después fueron encontrados los restos de los campesinos, víctimas de quienes desprecian la vida. Por su fe seguía a Jesús y al pueblo. Sabía que la fuerza de Cristo lo animaba a caminar con la cruz de su maestro. Entregó su vida fiel a su vocación de discípulo.

“Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” (v.30). Israel, como nosotros, nos creemos salvados, porque decimos ya cumplí, pertenezco a la Iglesia. Sin embargo, no basta. La salvación es una gracia de Dios, que nos exige esfuerzo, decisión, conversión, cambio radical en nuestra vida frente a los ídolos del poder y del dinero, de la soberbia y arrogancia, que nos ciega a ver el rostro del Dios vivo, que sigue actuando en la historia. (Fr. Héctor Herrera, O.P.)

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