Padre Giorgio PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama en la solemnidad de la Sagrada Familia, ciclo C, correspondiente al domingo 30 de diciembre de 2018. La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 2,41-54

Sagrada Familia

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de pascua.

Toda la vida del cristiano es un caminar hacia Jerusalén. La pascua que ahora vive es signo de la pascua que vivirá el Hijo, momento de fiesta y centralidad de la historia humana. Jesús también es parte de esta historia.

Cuando el niño cumplió doce años...

Es el momento en que el niño deja de ser tal y empieza a asumir la responsabilidad del adulto.

Pasados aquellos días, se volvieron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén.

Hay un atractivo allí. Jerusalén es la razón de la encarnación, allí vivirá la pascua definitiva y eterna. Jerusalén es el lugar de la casa de Yavéh y allí se juega la centralidad de la presencia del Padre y de la respuesta del cristiano: Dios es el centro de la vida, es su punto de partida, su comienzo, su razón de ser y su meta.

Entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.

Caminar, volver: Jerusalén, el centro de la fe de los hebreos, es como el pozo hacia el cual hay que volver para beber. Un día de camino sin rumbo es suficiente para dejar inquietos; hay que buscar, hay que volver para encontrar al hijo. ¿Qué es de una familia sin hijo? Pero el hijo no es "propiedad", es don, por eso hay que volver a Jerusalén, allí donde está la casa.

Al tercer día lo encontraron en el templo.

Justo al tercer día. El tema pascual es central en la vida del cristiano y todo momento de la vida de Jesús es orientado hacia la pascua. Lo encuentran en el templo, justo en la casa, casa humana y casa de Dios. La familia humana es completa y con sentido cuando es "casa de Dios".

Sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Todo instante de su vida es revelación, llamada y cuestionamiento. Es la misma presencia la que se vuelve decisiva, presencia discutida y "espada de doble filo" que exige respuesta.

Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando".

La dimensión humana está cargada de angustia y de sentimiento, valores ciertamente importantes, pero no decisivos. Descubrir la voluntad de Dios es tarea cotidiana: solo así se podrá llegar al final, a los pies de la cruz, cuando se logrará entender definitivamente el "fiat" del primer día.

"¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?".

El hijo es don del Padre. Este de una manera única. Pero todos los hijos son dones y como tales hay que recibirles y con ellos hay que buscar "las cosas del Padre", porque solo así se encontrará la razón de la vida y del amor.

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