Padre Héctor HerreraComentario al Evangelio que se proclama en el 24° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 16 de septiembre de 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 8,27-35

¿Quién soy yo para ti?

Sacerdotes, escribas, fariseos, pensaban en un Mesías poderoso, que iba a restaurar el reino de Israel, expulsar a los romanos. Tal vez, nos hemos hecho un Jesús intimista, que no nos cuestiona, muy apegado a los formulismos religiosos, no tiene que padecer ni morir en una cruz. Discípulos cómodos con ambición de poder, prestigio, dinero. Jesús nos cuestiona, nos pregunta cómo discípulos ¿quién soy para ti?

Mc. 8,27-35, nos presenta a Jesús en Cesarea de Felipe, camino a Jerusalén. Él es consciente que iba a padecer. En él se cumple la profecía de Is. 50-5,9. Les pregunta a sus discípulos ¿Quién dice la gente que soy yo? (v.27). Lo ubican en la línea profética de Juan (v. 28). No lo vinculan con el poder. Les dice ¿Quién dicen que soy yo? “Tú eres el Mesías” (v. 29) responde Simón Pedro, no sólo un profeta, sino el ungido de Dios, para acompañar y guiar, para ser la luz de las naciones.

Jesús nos explica: “el Hijo del hombre va a padecer, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes, letrados, sufrir la muerte y luego de tres días resucitar” (v.31). Pedro que lo había confesado, quiere apartarlo de esta misión: “No puede ser” (v.32). Lo mismo nos sucede, cuando se trata de sufrir las consecuencias de vivir en serio el evangelio de Jesús, nos desviamos, a veces del camino. Jesús le dice: “aléjate, Satanás. Tus pensamientos son de los hombres, no los de Dios” (v.33). Lo que quiere decir es vuelve detrás de mí. “Yo soy la Palabra que estaba junto a Dios desde el principio” (Jn 1,1). “Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios” (Jn 1,11-12).

Somos amigos de Jesús, si vivimos la fe en su Palabra. Pedro y sus compañeros, descubren que Jesús es el ungido después de su resurrección. Y dieron testimonio con su vida: Jesús vence la muerte con su resurrección. Él es el Señor de la vida y de la historia. Sus discípulos no nos desentendemos de esta historia concreta de pobres, injusticias, ataques contra los que defienden la vida. Nuestra misión: luchar contra la corrupción y su ocultamiento, para ser luz.

Jesús nos enseña, ser conscientes, transformar nuestra vida, sentimientos, como nos recuerda el apóstol Santiago 2,14-18 ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe si no tiene obras? Si no nos solidarizamos con gestos de amor, compasión con los migrantes, desnutridos, desnudos, enfermos, abandonados: “Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré por las obras mi fe” (St 2,18).

Los mártires anónimos siguen dando su vida por Cristo, a veces incomprendidos. Su fe en el resucitado, los lleva por el camino de la cruz: en ese pueblo crucificado, que toma conciencia que la resurrección es la vida que triunfa cuando hay amor, reconciliación, paz y sobre todo testimonio de vida que va creando nuevas condiciones de corazones dispuestos y entregados a la misión. Su encuentro con Cristo se alimenta con la oración, la Palabra, la Eucaristía y la misión evangelizadora.

Identificarnos con Cristo es tomar la cruz, consecuencia del compromiso libremente asumido por Jesús para que por Él tengamos vida y demos nuestra vida como él nos enseñó. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

social_buttons

Enviar un comentario nuevo

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.