padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el sexto domingo de Pascua, ciclo A, correspondiente al domingo 17 de mayo.  La lectura es tomada del evangelio según San Juan 14,15-21

Promesa de presencia viva

Jn 14,15-21, Jesús está despidiéndose de sus discípulos, ya no va a estar físicamente, pero su presencia será de una manera nueva. Nos da esperanza: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que estará siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce” (v. 15-17).Creer en Jesús, es amarlo y amarnos los unos a los otros, como Él nos ama. Él nos dará otro defensor, protector, abogado. Su presencia nos anima. Su Espíritu va a fortalecer a esa comunidad, a la Iglesia. El Espíritu de la verdad, continuará la obra de Jesús, une a la comunidad, para darnos  fortaleza frente a la persecución y mentira de este mundo.

Así lo sintió la primera comunidad cristiana. Esteban fue muerto por dar testimonio de Jesús. Felipe huye y predica en Samaria, quebrando el poder religioso de los soberbios judíos que despreciaban a los samaritanos. La Iglesia apostólica ha comenzado su misión con el martirio de Esteban y la predicación de Felipe en medio de un pueblo despreciado (Hech 8,5-8.14-17)

 “Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él” (v.21). Jesús se centra en el amor, no se refiere a un conjunto de normas, sino al amor. Ser seguidor de Jesús es amarlo y amar a sus hermanos,  es practicar y vivir su Palabra. Porque el que cree ama y está en Él, como Él está en el Padre, y el Espíritu nos lleva a la comunión.

Pedro nos habla que hay que dar razón de nuestra esperanza (1 Pe. 3,15-18) como seguidores de Jesús. Hemos recibido el Espíritu de la Verdad. Frente a las incomprensiones en proclamar la Palabra de Dios con coherencia de vida, en defensa y promoción de la vida humana como don de Dios, no debemos temer. Una comunidad que vive el Espíritu de Jesús, que ora y se desafía a la misión en medio de la persecución o intolerancia, vivirá de  la fuerza del Espíritu que habita entre nosotros. Nos hace descubrir a ese Padre bueno y misericordioso que quiere que la obra manifestada en su Hijo Jesús, sea el centro de unidad, de solidaridad, de fe que algo nuevo va naciendo, cuando los cristianos actuamos con la libertad del Espíritu de Dios para hacer de este mundo, un mundo más fraterno y sensible a los excluidos. Somos de Cristo, hijos de un mismo Padre, movidos por la fuerza de su Espíritu para que después de esta pandemia creemos un mundo con más amor y respeto por la vida, defendiendo la creación, llamados a la felicidad de una vida nueva para todos. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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