Padre José Martínez de TodaEl P. José Martínez de Toda s.j. (Venezuela) nos ofrece su reflexión dialogada al Evangelio Dominical correspondiente al sexto Domingo de Pascua, del año C, correspondiente al Domingo 24 de mayo de 2019.  La lectura es tomada del Evangelio de San Juan 14, 23-29.

"La paz les dejo, mi paz les doy"

En este evangelio Jesús parece que se está despidiendo. ¿Qué les dice a los Apóstoles?

Eso fue en la Última Cena. Había un ambiente tenso. Jesús dice que alguien lo va a traicionar..., y que su muerte es inminente. Pero Él se preocupa más de sus discípulos que de sí mismo. Jesús les había dicho:

- "Ya no les llamaré siervos, sino amigos". (Juan 15:15). "No les dejaré huérfanos." (v. 18).

Ahora les concretiza cómo responder a ese amor. Y les dice:

-"El que me ama, guardará mi palabra".

¿Y qué es lo más importante en la Palabra de Jesús?

El amor. El nos dijo: "Les doy un mandamiento nuevo: Ámense unos a otros".

Amor es el centro de la palabra de Jesús. Guardar la palabra de Jesús significa, al mínimo, amarse uno a otro.

Y nos promete a Alguien, que nos ayuda a amar, a actuar según su Palabra y a actuar como Jesús actuaría en nuestro lugar. Él es el Espíritu Santo:

- "Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho."

Jesús ha enseñado mucho a los discípulos, pero ellos solo lo comprenderán por completo después de la resurrección. Entonces el Paráclito, el Espíritu Santo, les ayudará a recordar las enseñanzas de Cristo y a interpretar esas enseñanzas según la situación que se presente. El Paráclito, que está a su lado día y noche, clarificará todo. Esto no significa que hará nuevas revelaciones, sino que les recordará a los discípulos todas las cosas que Jesús les había enseñado.

Pero, en un grupo de cristianos, habrá opiniones diversas. ¿Cuál será la del Espíritu Santo?

Jesús no habla aquí a individuos en singular, sino en plural: a la comunidad, a la Iglesia. El Espíritu Santo ha sido dado en primer lugar a la comunidad, a la Iglesia, y a través de ella a cada individuo en el bautismo.

La 1ª Lectura de hoy nos dice cómo se resolvió el primer conflicto de la Iglesia primitiva. La pregunta era: ¿Se debe circuncidar a los paganos, que se conviertan al cristianismo?

¿Qué es la circuncisión?

Es remover la piel que cubre la punta del pene. Se hacía generalmente a todos los niños judíos. En el Antiguo Testamento era el signo de la Alianza de Dios con su Pueblo.

La discusión surgió, porque muchos no comprendían todavía que, en el Nuevo Testamento ya no funcionaban leyes como la de la circuncisión, pues Dios nos había dado la salvación en su Hijo Jesús, a quien recibimos por la fe independientemente de las obras de la Ley. Por eso exigían a todo el que quisiera convertirse a la fe en Jesús que fuera circuncidado.

Por ejemplo en Antioquía, lejos de Judea, crecía el número de paganos, que se convertían al cristianismo. Y estos nuevos cristianos lo que querían era ser de Cristo, no hacerse judíos.

Para complicar las cosas, <vinieron algunos cristianos de Judea que repetían a todos: ·"Si no se circuncidan según la ley de Moisés, no pueden salvarse">.

En aquella Iglesia de Antioquía estaban Pablo y Bernabé, que se oponían a tales planteamientos, y no se llegaba a un acuerdo.

Entonces la Iglesia de Antioquía decidió enviar a Jerusalén a Pablo y Bernabé, que defendían la no circuncisión, y a algunos de los que la defendían. Allí consultarían a los Apóstoles y presbíteros para resolver la cuestión.

¿Y cuál fue la respuesta?

En Jerusalén se celebró lo que se conoce como el "Concilio de Jerusalén".

Después de fuertes discusiones, hicieron oración y respondieron así:

"Es decisión del Espíritu Santo y nuestra también no imponer ninguna carga innecesaria".

Y la circuncisión de la carne quedó abolida como obligación para siempre entre los cristianos.

Eso pasó hace casi dos mil años. Y de ahí podemos concluir que, en los conflictos, lo importante es buscar siempre la unidad en lo esencial. Y lo esencial es Cristo. Él es el fundamento de nuestra vida y la piedra angular de nuestra comunidad.

Si eliminamos a Cristo, todo el edificio se viene abajo. Cristo es la cabeza del cuerpo, de la iglesia, dice San Pablo.

¿Cómo resolver hoy día en la Iglesia los desacuerdos?

Antes que nada no asustarse de que haya diferentes opiniones en la Iglesia. Y se acude a la oración humilde, al discernimiento comunitario, al respeto mutuo, al diálogo y a la paz.

En la Iglesia no puede haber odio, división... Eso no es cristiano.

El mismo Jesús nos trae la paz: "La paz les dejo, mi paz les doy".

Es parte de su testamento. Jesús tenía poco que dejar. Hasta sus ropas pronto se las sortearán los soldados durante la crucifixión. Pero había una cosa que sí podía dejar: la paz, un regalo verdaderamente poderoso.

Pero no es una paz de los sepulcros, una paz impuesta.

En tiempo de Jesús, en el mundo estaba la Pax Romana. Pero era una paz fundada en la fuerza militar y en la represión. Y el pueblo se callaba por miedo, se hacía autocensura, porque, si decía lo que pensaba, era encarcelado o eliminado.

En cambio, Cristo ofrece la paz verdadera; una paz fundada en la justicia, una paz que realmente promueve la dignidad de la persona y que se construye mediante la verdad y su expresión libre.

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