Resurrección de JesúsComentario sobre el evangelio que se proclama en la solemnidad del Domingo de Resurrección, ciclo C, correspondiente al domingo 21 abril 2019. Las lecturas son tomadas de la Carta del Apóstol San Pablo a los romanos 6, 3-11 y del evangelio según San Lucas 24, 1-12. 

Pascua de Resurrección.

Vale tener como fondo los signos de:

El fuego: se nos plantea el tema de la purificación. El oro, metal precioso, se purifica con el fuego para que brille más. La vida y la dignidad de la persona, hija de Dios, se purifica para que brille y manifieste su grandeza.
El cirio: la luz que ilumina y permite ver. "Yo soy la luz del mundo": nuestra historia se la puede ver y entender solo con la luz que viene del Maestro y Señor. Es lo que nos permite ver nuestra vida y saber hacia donde caminar.
El agua: el tema de la vida, el tema del paso del Mar Rojo y de la liberación, el tema de la Nueva Alianza, el tema del Bautismo, todo esto viene claro a la memoria y abre la puerta para entender la Pascua de Resurrección.

Por el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Hay una participación total con la vida de Jesús. Su encarnación llegó hasta unirse profundamente con sus discípulos y hacerles parte de su misma vida y victoria. El bautismo, más que un rito, es una incorporación verdadera y profunda y nuestra vida y nuestra esperanza están enraizadas con la victoria del Señor. Esta es la comunión verdadera que se alimenta con la comunión eucarística y se construye con una vida nueva.

El primer día después del sábado.

Estamos empezando una nueva realidad, es como si hubiera una nueva creación. El primer día se transforma en el día de la victoria, el que marca la línea de todos los demás días.

Muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes.

Es claro que la mirada es humana, mirada que termina en la muerte y, lo único que queda, es la manifestación cariñosa de los perfumes, último acto de atención a un muerto.

Son las mujeres que son actoras como en muchos momentos de la vida del Maestro; retorna con claridad la opción de los excluidos en el momento decisivo de la historia.

Hay un detalle más que introduce al acontecimiento, es el momento de la llegada, el "muy de mañana", cuando la luz está para vencer.

Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

¡Cuantas piedras en la vida de fe de los discípulos! Incapaces de quitarlas, solo cabe que Alguien, el mismo Maestro, las quite y, así, nos permita entrar allí donde razón humana no tiene poder de ver y de entender. Es el sepulcro, la casa de los muertos que ya no tiene al dueño a la muerte, está vacío. "¿Dónde está muerte tu victoria?". Sin cuerpo, nos quedamos sin "signo sacramental", sin saber como oír, escuchar, encontrar, amar al Señor Jesús.

Estaban ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes.

Siempre necesitamos que alguien nos coja de la mano y nos conduzca, es el papel del cristiano, del catequista, del papá, de la mamá, de la Iglesia. Pero se trata de tener "vestidos resplandecientes", se trata de ser transparentes, como en la transfiguración, para que se note que quien conduce es el Maestro.

Los varones les dijeron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado".

El testimonio de dos varones es garantía de la verdad de lo que se dice. Esta es la ley de los judíos.

"El aguijón de la muerte es el pecado, pero el pecado ha sido destruido". El amor es más que el pecado, la vida más que la muerte, el costado abierto se ha vuelto puerta abierta para la casa.

No te quedes con la mirada en la muerte, abre los ojos a la vida, a la victoria, a la liberación.

"Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite".

Lo que está ocurriendo es parte del "proyecto de Dios, escondido desde la eternidad y revelado en Cristo Jesús". Todo el evangelio, la buena nueva de la persona de Jesús, tiene su momento cumbre en la pascua. El número tres marca la dimensión de totalidad del evento, es lo último, lo definitivo, la nueva y eterna alianza.

Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.

La misión es parte constitutiva del ser del discípulo.

Hay otro elemento de valor, el rol de los Once y de la comunión con ellos.

El sepulcro vacío se transformará en signo de la victoria de la vida, cuando Pedro y Juan, ellos también en el desconcierto con los demás, experimentarán y sabrán ver y leer que el Maestro es el Dios de la vida, fuente el mismo de vida.

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