Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el 19° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B, correspondiente al domingo 12 de agosto de 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 6,41-51

Los judíos murmuraban contra Jesús porque les había dicho: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo".

La relación con el maestro no siempre es linear y tranquila, hay momentos de confrontación, y el tema no es lo más importante, sino la confrontación misma, o sea, ¿quién toma la decisión sobre el camino? Para los cristianos la tentación viene desde la misma experiencia de formación catequética en la que se ha metido la certeza de tener todo claro y, por lo mismo, de no tener más que aprender. "Yo soy el pan", ¿cómo es posible eso que viene a cambiar nuestras convicciones? Meter a Cristo en nuestra historia personal es hacer una revolución interior para crear nuevos valores, nuevos ideales, nuevos estilos de vida. ¿Quién es éste que nos pide eso?

Y decían: "¿No es éste, Jesús, el hijo de José?".

Uno a nuestro lado, uno como nosotros, si lo podemos aceptar, pero uno que se meta tan adentro y tan encima, ¿cómo lo podemos aceptar? Conocerle es como tener poder sobre él, alguien que está a merced de nuestra decisión y que recibe valor en tanto en cuanto nosotros se lo damos.

No murmuren. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado.

Jesús juega sobre una realidad casi contradictoria, el rechazo hacia su persona y la revelación de un Dios que es Padre y que lo ha enviado. La fe implica estos dos ejes unidos en comunión.

Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí.

La comunión en Dios tiene el contenido de una comunión de sangre, de familia, de trinidad. Quien ve al Hijo, ve al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna.

El conocimiento y la fe en él, tienen el espesor de la vida y de la misma vida de Dios.

Yo soy el pan de la vida.

Es el tema central de la revelación. La palabra "pan" tiene todo el contenido de la historia humana con sus logros y con sus fracasos, asumida en el misterio de la encarnación y transformada en vida del Hijo que, en comunión con el Padre, tiene el espesor de la eternidad. Cristo es la respuesta única y total al hambre del hombre.

Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron.

Aquí está la razón profunda; el hombre no tiene necesidad de cosas, aunque sean sagradas, tiene necesidad de Dios.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les doy es mi carne para que el mundo tenga vida.

Estamos en el meollo de la revelación: carne es encarnación, es misterio revelado, es presencia salvadora, es eternidad de vida.

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