padre Héctor JerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el trigésimo tercer del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 17 de noviembre.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 21,5-19

No se dejen engañar

Lc 21,5-19: Los judíos se sentían orgullosos del Templo. Les daba seguridad y se admiraban de su belleza. Jesús les anuncia la destrucción del templo (v.6), que ocurre efectivamente el año 70. Y ¿cuándo sucederá esto?

El evangelista Lucas nos presenta tres momentos específicos: 1) La destrucción del Templo y de Jerusalén. 2) El tiempo del testimonio de los cristianos y persecución, 3. La venida del Hijo del Hombre que trae la plenitud del reino de Dios.

El evangelista nos orienta, la destrucción de Jerusalén no es el fin del mundo. Lo importante es que como discípulos de Cristo no escuchemos a los charlatanes que anuncian catástrofes como el fin del mundo. Tenemos que estar preparados frente a las persecuciones de los enemigos del reino del amor, la justicia, la paz y la verdad (v.12). El cristiano tiene que perseverar para dar testimonio de Cristo en la defensa del amor y la justicia a favor de los más desvalidos (v.13). "Los odiarán por causa de mi nombre" (v.16) porque El ama la vida, la creación, y quien es constante en el proyecto de Dios se salvará (v.19).

La perseverancia a la que nos invita Jesús es el constante trabajo de los cristianos que tenemos entre manos como hacer visible este reino de Dios: en la búsqueda del amor por la vida de todo ser humano. Hay que saber leer en los signos de los tiempos como Jesús viene y entra en cada momento de nuestra historia: cuando el hombre herido por la ambición destruye por los gases tóxicos los nevados, contamina los ríos, destruye los bosques, cuando se crea situaciones de temor e inseguridad a causa de la violencia y diversas situaciones, en las cuales Dios nos está hablando como prevenir y proteger la vida como testimonio de creyentes que aman y defienden la vida.

San Pablo nos habla muy claramente: "No vivimos entre ustedes sin trabajar, no pedimos a nadie un pan sin haberlo ganado, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche para no ser carga para nadie (2 Tes. 3,7-8). No podemos quedarnos cruzados de brazos sin la perseverancia constante en el trabajo de la educación, en la toma de conciencia responsable, crítica y libre, que nos haga capaces de ser constructores del reino de Dios, que está y se construye en la historia cotidiana. No podemos dejarnos engañar por falsos profetas, como nos recuerda Jesús. Es el tiempo de Dios, que nos invita a estar siempre atentos para descubrir lo bueno que hay en la humanidad y buscar juntos alternativas, que nos hagan capaces de reconocer la dignidad de todo ser humano y cuidar la creación como don de Dios, puesta al servicio de todos. Seremos juzgados por el amor, por la constancia en hacer y construir la justicia de Dios, con compasión y misericordia. De cada uno depende ser fiel y responder con prontitud al Dios de la vida y de la historia. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

 

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