Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama en el tercer Domingo de Pascua, ciclo B, correspondiente al domingo 15 abril 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 24, 35-48. 

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús, y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado.

La misión es evangelizar, comunicar la buena nueva, la presencia y la obra del Señor. Tiene dos momentos, el uno es contar entre el grupo para fortalecer la fe, renovarla y animarla y el otro es el anuncio ad extra, anuncio hecho de palabra y de testimonio.

Les contaron lo que les había pasado y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Palabra y Eucaristía, los dos momentos sacramentales que marcan la presencia y la obra del Maestro. Palabra y pascua de entrega, de servicio, de lavatorio que se vuelve signo claro del amor y de la victoria.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos.

En el momento de la conversación, se hace presente el Maestro, el que tiene algo que decir, el que es la Palabra que evangeliza.

La paz esté con ustedes.

Es el don pascual, el de un corazón que, por fin, está en paz consigo mismo y que es capaz de construir una vida de familia fundamentada en el perdón y en el don de si mismo. Creer y hacer familia es fruto de la pascua.

No teman; soy yo. ¿Porqué se espantan?... Miren mis manos y mis pies...

No se trata tan solo de un fantasma, no se trata de una idea, de alguien que me cae bien, se trata del mismo Señor, el Maestro que habló de muerte y de resurrección, de perdón y de amor. El cuerpo es garantía de identidad y posibilidad de relación.

¿Tienen aquí algo de comer?... Y se puso a comer delante de ellos.

La comida es tema de comunión, es encarnación diaria en la vida del otro y en comunión con el otro: Jesús sigue el proceso de comunión con los discípulos para hacer de la Iglesia el sacramento de su presencia salvadora.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las escrituras.

La palabra revela la Palabra; palabra y cuerpo hacen uno en el misterio de revelación. Ir más allá de quien da la voz para encontrar la Palabra es el reto de todo cristiano para que comprenda el misterio del Hijo enviado para salvar caminando por la cruz.

Y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados.

Aquí está la pascua y aquí está la misión de la Iglesia: dar la mano en el camino hacia "volverse a Dios" y ser instrumento de perdón.


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