Padre Giorgio PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama el cuarto domingo de Adviento, ciclo C, correspondiente al domingo 23 de diciembre de 2018. La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 1, 39-45.

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea.

El discípulo es como el Maestro, se pone en marcha porque siempre hay alguien que lo necesita. Es así la historia: Dios necesita de voz para regalar su Palabra, de pies para ir al encuentro de quien necesita su presencia, de manos que estrechan y animan la vida de los caídos, de cariño humano que se vuelva sacramento del cariño divino. La respuesta tiene que ser rápida y decidida, porque "quien pone mano al arado y se vuelve hacia atrás, no es digno del Reino".

Y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel.

La delicadeza de los gestos humanos es extraordinaria: Dios no se impone, sino que se propone, "golpea a la puerta y, si alguien le abre, él entra, se sienta a la mesa", comparte el pan y hace familia.

En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.

Los encuentros que hacen familia, son fuente de gracia: María tiene al Hijo, al Salvador, Isabel tiene a su hijo, el precursor, el encuentro se hace comunicación de vida. La Navidad es el ingreso de Dios en la historia humana a través de María, madre y discípula del Maestro.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo.

Este es el don definitivo, el mismo Espíritu que es vida y que da la vida.

Exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?"

Contemplar la obra de Dios, cantar la obra de Dios, eso es la primera respuesta de quien se da cuenta que una nueva creación empieza, que lo que sucede es algo a-fuera de lo común, que hay un misterio que se revela. Poquedad y pequeñez se encuentran con la grandeza de la madre y del Hijo, del Hijo que es Salvador. La historia humana encuentra por fin el camino de salida de la muerte.

Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno.

La historia humana encuentra su realización en Cristo: todo ha sido un camino de preparación y ahora llega la realización, la plenitud, el saltar de gozo. No es un encuentro cualquiera, un pobre que se une a la multitud de los pobres, este pobre es el que se "hizo pobre" para enriquecer a los pobres.

Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.

El don del Señor es siempre presencia y futuro, es hoy mañana: nuestra capacidad de entender, de acoger y de responder, se hace andando, entendiendo, acogiendo y respondiendo.

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