Padre Héctor HerreraComentario dialogado al Evangelio que se proclama en la solemnidad de la Sagrada Familia (Familia unida por la fe), correspondiente al domingo 31 diciembre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Luz que une

Lc 2,22-40 nos dice Jesús pertenece a una familia pobre, cumple la Ley de Moisés (v.22). Sus padres María y José lo presentan al Templo para circuncidar al niño (Lv 12,3), momento en el cual se le imponía el nombre, por ser primogénito varón (Ex 13,2.12.15) y la purificación de la madre. Con este acto, Jesús queda inserto en el pueblo de la alianza. En su persona y en su obra se da la salvación, como dice el anciano Simeón: “mis ojos han visto al Salvador, luz de las naciones y gloria de su pueblo Israel” (cf. v. 30.32)

Sus padres estaban admirados de lo que se decía del niño, como hoy los papás se alegran del crecimiento de sus hijos. Esta familia se queda pensativa, cuando Simeón bendice a María y le dice: “Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten” (v.34). Jesús se convierte en signo de contradicción: muchos lo aceptarán y otros lo rechazarán porque su Palabra toca el corazón de todos, desenmascara todo tipo de tinieblas de muerte, opresión y maltrato a la persona en nombre de la religión. Él asume las esperanzas, alegrías y sufrimientos de toda familia humana. A esta alegría de Simeón, se une Ana, para dar gracias a Dios por este niño para “cuántos esperaban la liberación de Jerusalén” (v.40)

“El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y el favor de Dios los acompañaba” (v.40) Es en el corazón de la familia, donde nuestras niñas y niños, crecen apoyados por sus padres. “La familia es la primera escuela de los valores humanos, en la que aprende el buen uso de la libertad” (A.L. 274)

El diálogo, armonía, comprensión, respeto entre padres e hijos, es importante, como señala Eclo 3,2-6.12-14. Educar a los niños en una era tecnológica de mucha prisa, es acompañarlos en todo su proceso de formación humana y espiritual, educarlos en los hábitos de consumo, para cuidar juntos la casa común. “La familia es el sujeto protagonista de una ecología integral, porque es el sujeto social primario, que contiene en su seno los dos principios-base de la civilización humana sobre la tierra: el principio de comunión y el principio de fecundidad” (A.L..277)

Cuando una familia se reviste de los mismos sentimientos de Cristo, se apoya haciendo suya la oración de Jesús, dirigida a su Padre: Danos el pan de la sabiduría, del amor y perdón que sane las heridas, nos permita avanzar y crecer en la fe, que se abre al amor a los demás en la solidaridad compartida: “La Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza, instrúyanse y anímense unos a otros con toda sabiduría”(Col. 3,16)

Toda familia está llamada por amor a Dios, a sí misma y a los demás. Conocer a Cristo como luz de las naciones es realizar esa luz en todos los campos de la vida social, educativa, participativa para comprometernos con el evangelio de la vida.

“Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar”(A.L. 317)

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