Padre Giorgio PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama el vigésimo sexto domingo del Tiempo ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 29 de septiembre de 2019.  Las lecturas son tomadas de los libros de Amós 6, 1a.4-7; 1ª Carta de San Pablo a Timoteo 6, 11-16; del Evangelio según San Lucas 16,19-31. Reflexión del padre Domingo XXVI del Tiempo Ordinario.

¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión y los que ponen su confianza en el monte sagrado de Samaria!... pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos.

La religión verdadera está en creer en un Dios padre y en construir la casa de la fraternidad. El hermano es parte de uno mismo y uno mismo no se entiende si el hermano no está en él. La meta y la cumbre de la religión es llegar al banquete preparado por Dios, banquete en el cual se da la misma sangre y la misma vida del Hijo para que todos sean hijos de un mismo Padre. Paternidad de Dios y fraternidad entre los hombres caminan a la par.

Te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente, todo lo mandado.

El discípulo pone atención y hace propio todo el mandato del Maestro, ni una coma puede quedar al margen sin que se cuestione el todo. Es parte de la totalidad de la enseñanza y de la totalidad de la entrega que se construye día a día en un encuentro y en una respuesta cargada de sacrificio y de amor.

Jesús dijo a los fariseos.

Sigue la llamada a los fariseos. El Maestro lanza su llamada para un cambio de visión y de vida.

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día.

Es extraño que no tenga un nombre mientras que el pobre si tiene nombre, él es alguien importante para Dios. El rico está todo metido en sus fiestas, en sus vestidos, en sus banquetes, no tiene mirada para nadie y nada más. Es allí donde está todo, su tesoro y su misma vida. Ni Dios tiene espacio en un corazón tan lleno de cosas.

Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico.

El mismo nombre es una profesión de fe, "Dios ayuda" manifiesta la confianza en quien solo puede mirar desde lo alto ya que el vecino no tiene ojos para el pobre. Es la imagen del Hijo que, siendo rico, se hizo pobre haciéndose uno de nosotros y que pasó en la tierra mirando con cariño a los que "yacen en la entrada de la casa, cubiertos de llagas y ansiosos de llenarse con las sobras que caen de las mesas de los ricos".

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham.

La muerte es el punto de llegada, de Dios venimos y a Dios volvemos. Allí decimos hasta donde llegamos con nuestra experiencia de discipulado: los resultados quedan fijados. Su confianza en la vida lo ha llevado a construir relación con Dios y Dios no olvida y no abandona a quienes se han puesto en sus manos. Siempre más discípulos, siempre más como el Maestro, siempre más signo visible del Maestro, el Padre reconoce a su Hijo en los hijos.

Murió también el rico y lo enterraron.

El mundo del rico era el mundo de las cosas y termina con las cosas, o sea en la tierra.

Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

El que nunca había mirado, el que nunca había visto, por fin contempla la conclusión de la vida: la vida va más allá de las cosas, Lázaro, para el cual nunca tuvo una mirada, ahora puede ser a quien poder pedir una mano. Y pensar que el rico no había hecho nada malo contra Dios ni contra Lázaro, solo no lo había mirado, era indiferente, no existía, si no ves a los hermanos es porque no eres hermano.

Entonces gritó: "Padre Abraham, ten piedad de mi. Manda a Lázaro..."

El que nunca tuvo piedad, pide ahora piedad. Pero no hay piedad para quienes no han tenido piedad. La misma palabra "Padre" es irónica porque nunca fue constructor de fraternidad y quien no reconoce a los hermanos, tampoco tiene derecho a sentirse hijo.

Que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.

Si en la vida no has sembrado no puedes pensar en cosechar.

Pero Abraham le contestó: "Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes".

Es como recordar cual era la finalidad de los bienes que Dios le había encargado y cual ha sido su servicio y su responsabilidad: los bienes son para que lleguen a todos y el rico no llegó ni a Lázaro.

El rico insistió: "Te ruego... que mandes..."

Se recuerda ahora que tiene hermanos cuando no supo ser hermano de Lázaro. Pero, ya hay quien está como hermano en la historia, ya está Moisés, ya están los profetas, ya están los pobres con los cuales ser hermanos.

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