Padre PeroniComentario sobre el evangelio que se proclama el vigesimoséptimo domingo del tiempo ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 6 de octubre de 2019. Las lecturas son tomadas de los libros de Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4; segunda carta de San Pablo a Timoteo 1, 6-8.13-14; y evangelio según San Lucas 17,5-10

El justo vivirá por su fe.

El justo, el hombre que no pone su confianza en las cosas porque en ellas solo descubre violencia, injusticia y opresión, es el que encuentra respuesta al dolor en Dios. La fe nos conduce hacia el que es el comienzo, la razón y la meta de la vida, Dios es el baluarte del justo, es su referente porque su confianza está en Él.

Te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.

Si todo lo que somos es don de Dios, hay la urgencia cotidiana de reavivarlo para que el don sea el alma permanente de la vida, la razón de la fe y la fortaleza de la misión. Y todo esto no es algo aleatorio, pensado en un intimismo poco capaz de dar fortaleza y razón, sino que es comunicado a través de los signos, la imposición de las manos, la vida de la comunidad cristiana: Dios se acerca con los instrumentos propios de la comunicación humana.

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor.

El testimonio es el fruto maduro del discipulado. Al vivir con el Maestro, aprendemos el misterio escondido desde la eternidad en Dios y revelado en Cristo, lo hacemos nuestro con la decisión de la vida y con el estilo propio de quien es de Cristo, este misterio se vuelve nuestra razón de ser y nuestro ideal de vida. No te avergüences de tu razón de vida, porque solo así serás testigo y sacramento de la presencia y de la obra del Salvador.

Los apóstoles dijeron al Señor.

Son los discípulos que han estado con el Señor y que han asumido su misión, por eso son "enviados" para dar testimonio de la misericordia del Padre que ha "enviado" al Hijo como manifestación de la misericordia y del amor.

Auméntanos la fe.

La fe es el fruto de la experiencia de la misericordia del Padre, es la experiencia del ser discípulo y en razón de esta experiencia crece y se hace cimiento de la misión. Hay que pedirla a diario, así como el pan, como la justicia y la paz. Después de haber pedido al Maestro que enseñara a orar, ahora hay que pedir el don de la fe; es don aunque exija el compromiso, y es por eso que hay que pedirlo.

Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza.

La fe, que si es pequeña, tiene en si misma la fuerza de la vida, de la semilla que rompe la tierra y que vence la muerte. Es allí donde la debilidad humana encuentra el poder de Dios, solo de Dios, que actúa y se manifiesta en la vida de los hombres. La fe te conduce a ser instrumento, débil y frágil, en las manos del que envía que es el que actúa, así te hace apóstol.

¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños...?

Ya la relación es con la misión, con el trabajo apostólico. El apóstol es siervo porque ha perdido su dependencia de si mismo para recibir la libertad propia de los hijos que, como el Hijo, se hacen todo para los hermanos, es la verdadera libertad que se construye en el amor. Dios es libertad porque "Dios es amor"; el cristiano es libre cuando se deja amar y se construye amando.

Cuando éste regresa del campo: "Entra en seguida y ponte a comer".

Aquí está la visión de libertad que se contrapone. En el mundo, "los grandes mandan, pero entre ustedes, el más grande, sea el servidor de todos". "Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien porque lo soy; si yo, que soy Maestro y Señor les he lavado los pies...". Para el Maestro la libertad es la del amor, libertad para servir.

¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo...?

El siervo y el trabajo pertenecen al amo, es debido y gratuito al mismo tiempo.

Así también ustedes.

El apóstol, el enviado, tiene su centro en el que envía; es el que envía que le da la libertad de ser como él, de actuar en nombre de él, de ser parte del proyecto del que él es el constructor. La libertad del Maestro se hace libertad del apóstol.

No somos más que siervos, solo hemos hecho lo que teníamos que hacer.

La razón de la misión no está en el resultado, en las riquezas generadas, sino en el servicio, en la gratuidad, en la capacidad de amar, en ser con, en ser como, en ser "sacramentos" de la acción gratuita de amor y de misericordia del Señor. El Maestro nos hizo el don de hacernos parte de su misión, de su libertad de amar.

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