Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en la solemnidad del Domingo de Resurrección, ciclo C, correspondiente al domingo 21 abril 2019. La lectura es tomada del evangelio según San Juan 20,1-9.

Jesús está vivo

Jn 20,1-9 nos presenta el sepulcro vacío, a Jesús no hay que buscarlo entre los muertos. María Magdalena, es la primera testigo del anuncio de la vida. Comienza por las personas excluidas, quienes sienten la muerte a cada instante.

Se lo comunica a Pedro y al otro discípulo. Corren al sepulcro, pasan de la oscuridad a la luz. Van comprendiendo que Él ha vuelto la vida. Sienten que está vivo. Juan entró “vio y creyó” (v.8) Esta es la experiencia que comunican a los demás. Este Jesús rechazado y muerto por las autoridades judías y romanas, ha vencido al poder del mal y todo lo que causa muerte y dolor. Él es “el Camino, la Verdad y la Vida que nos conduce al Padre” (Jn 14,8).

Jesús ha vencido a la muerte, a los que privan de la vida al inocente, a quienes no permiten que los pobres vivan una vida digna, a los que manipulan conciencias, dañan el espíritu y la moral de niños y jóvenes a través del abuso, el mal uso de las redes sociales. “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá y quien vive y cree en mí, no morirá para siempre” (Jn 11,25).

Pedro proclamará a Jesús como el Señor de la vida: “Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado, a nosotros, que hemos comido y bebido con él…” (Hech 10,40-41).

Este es el núcleo central de nuestra fe cristiana: Jesús ha resucitado. “Si Cristo, no ha resucitado, es vana nuestra fe” (1 Cor. 15,14) Él nos llama a defender y proclamar la vida como don de Dios, como Él que dio la vida por su pueblo. Como Iglesia, estamos llamados a mejorar la calidad de vida, uniendo evangelio y vida, siendo esa levadura nueva con alegría, fe y esperanza. Juntos podemos mejorar la calidad de vida en forma integral.

Jesús es el Señor de la vida. Él nos invita a todas las comunidades cristianas a amar y defender la vida, ser sensibles y solidarios, cuando la vida está en peligro por la violencia criminal, inseguridad ciudadana, corrupción e indolencia para hacer reformas que necesita el país, las profundas desigualdades, porque hay un rechazo de Dios y un desprecio por la vida. El Resucitado a través del apóstol Pablo nos dice: “Busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios…Porque ustedes están muertos y su vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3,1-3).

Alegrémonos, este el día del Señor: Sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sal. 117). Vivamos el núcleo de nuestra fe. Jesús está vivo. Está en tu corazón para que experimentes la alegría de amar y servir a la vida en medio de tu comunidad. Seamos testigos de la vida. El Señor ha resucitado, quiere y ama la vida de todos sus hijos e hijas. Porque hay vida donde hay amor. Hay vida y esperanza, porque creemos como Jesús que todos estamos llamados a ser hijos de un mismo Padre, autor y creador de la vida. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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