Padre Giorgio PeroniComentario sobre el Evangelio que se proclama el 34° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, Solemnidad de Cristo Rey del Universo, correspondiente al domingo 26 de noviembre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo,25, 31-46.

Jesús dijo a sus discípulos.

La conversación es siempre “en casa”. Vale subrayar eso porque marca el ambiente.

 Cuando venga el Hijo del hombre… rodeado… acompañado… se sentará…

La solemnidad marca la realidad del “Señor”, el victorioso. La historia está orientada hacia Él. Después de haber arrancado de Él y haber caminado con Él, llegamos a Él.

 Él apartará a los unos de los otros.

La historia está bajo la responsabilidad del hombre; Él es compañero de marcha, pero no se sustituye ni tampoco impone. Ahora es el momento de la cosecha, de los frutos que no necesariamente se miden con cantidad, sino, quizás, con calidad de relaciones.

 Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado…

Al comienzo del Evangelio está la llamada: “vengan y vean”; ahora también está la misma palabra, “vengan”. El Maestro invita a ser parte, a estar. Si la vida es don, si la llamada es don, también esta última invitación es don; el Reino es “el regalo de Dios”.

 Desde la creación del mundo.

Saber que toda la historia está en las manos del Padre, es razón de esperanza y de alegría: no estamos en las manos del “destino”, ni en las manos de decisiones puramente humanas, estamos en las manos de un Padre.

 Porque estuve hambriento y me dieron de comer…

Aquí está el tema de la responsabilidad, del “estar con”: al Padre se lo entiende solo en la medida en que nos comprometemos en la fraternidad, porque esto es el Reino, don y compromiso. ¡Como es eterno y como es humano!

 Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,…?

Es la maravilla de los que, “sin haber visto, creerán”. La presencia de Dios en la historia no es para manipularla, sino para reconocerla en la sencillez de la acción cotidiana y en el cariño de la acogida.

 Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron.

Aquí está el misterio de la encarnación, de la humanización del Hijo. Aquí está el misterio de su opción por los pequeños. Aquí está la dignidad del hombre.

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