Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama el trigésimo domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 27 de octubre de 2019. La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 18,9-14

El humilde salió enaltecido

Jesús nos señala un camino de vida: El soberbio y orgulloso, se cree autosuficiente y desprecia a los demás. El humilde, reconoce sus debilidades, es compasivo y confía en Dios que cambia y transforma nuestra vida.

Lc 18,9-14: nos trae de la parábola del fariseo y del pecador. El primero oraba a Dios, no lo buscaba, su corazón estaba lleno de soberbia y orgullo. Se alababa a sí mismo porque cumplía la Ley: "no soy como los demás ladrones, adúlteros, ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo" (vv.11-12). Todo lo que hacía creía que era por mérito propio. No confronta su vida con Dios, como hoy algunos, que se creen más religiosos por su cumplimiento de una falsa religiosidad. El pecador, abría su corazón a Dios con humildad y reconocimiento: "¡Oh Dios ten compasión de mí que soy un pecador!" (v.13)

Dos actitudes que reflejan nuestra vida:

1. Dios rechaza a los soberbios y orgullosos, porque no lo buscan para alabarlo, agradecerle, sincerarse con Él, sino para vanagloriase y atribuirse que todo lo que hacemos depende de nosotros mismos. Es construir el "dios del orgullo y de la vanagloria"; por eso no escucha ni a Dios ni el clamor de los pobres.

2. El reino de Dios no es de los soberbios, sino de los humildes: de quienes abren su corazón, su mente al Dios compasivo y misericordioso, que cambia nuestras vidas, que confía en Dios para construir su reino de amor, tolerancia, paz, justicia, libertad, responsabilidad hacia el desvalido. Es despertar el sentido de solidaridad para crear una cultura de amor y de paz.

El fariseo salió del templo vacío de Dios, no cambió su vida. En cambio, el publicano o pecador, que era rechazado por los fariseos o "puritanos", como puede sucedernos a nosotros, salió lleno de la gracia de Dios, perdonado.

Jesús nos enseña hoy en nuestra vida práctica: "el que se engrandece será humillado". Si nos alabamos a nosotros, si utilizamos a Dios a nuestra medida, por más que tengamos una cultura religiosa, sino buscamos con sinceridad a Dios y despreciamos a los hermanos, porque creemos que tenemos la verdad, si nos quedamos en cumplimiento de normas vacías de Dios sin amor y respeto al ser humano, nos alejamos del verdadero rostro de Dios, del Dios del amor y de la misericordia, de la libertad y de la compasión.

"El que se humilla será engrandecido" (v.14). Jesús nos habla del humilde que busca la verdad, del que quiere cambiar su vida, de ese ser humano que reconoce sus debilidades, pero que no se queda allí, sino que busca a Dios para ser una nueva persona y se esfuerza por hacerlo. Esa persona tiene a Dios en su corazón, será un testigo del evangelio, porque predica con su vida, sirviendo y ayudando a los demás a ser mejores. Un verdadero discípulo y misionero, comprende: evangelizar es comunicar una buena noticia en medio de un mundo que necesita compasión y ternura hacia los más necesitados. Es descubrir con Jesús tu amigo, el rostro de Dios misericordioso. (Fr. Héctor Herrera, O.P.)

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