Padre Héctor HerreraComentario sobre el Evangelio que se proclama el 27° domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 7 de octubre de 2018. La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 10,2-16. Reflexión del padre Héctor Herrera, de radio San Martín, Perú.

Los hizo uno solo

Raúl, nos dice, desde que conocí a Mary, hemos ido creciendo en el amor. Tuvimos nuestros hijos. Ha habido mal entendidos, “se convive para aprender a ser felices”, dialogamos y nos tratamos con mucho amor y respeto. Creo que en el centro de nuestra familia está Jesús. Por eso hemos podido superar todas las dificultades. Somos como una sola persona y somos felices. Mc. 10,2-16, nos habla de esta unidad y de amor.

Los fariseos buscan a Jesús, para ponerlo a prueba. Le plantean el divorcio. Se refieren al Dt. 24,1. ¿Es lícito a un hombre separase de su mujer? (v.2). Jesús los remite a la ley de Moisés. Siendo hombres machistas, duros de corazón despreciaban a la mujer, al niño y a los pobres.

La discusión planteada por los fariseos, pertenecientes a dos escuelas, la rigorista de Shamay, por la cual el varón puede despedir a su mujer por cualquier motivo de desagrado y la permisiva de Hilllel, por quemar la comida.  

Jesús nos enseña a superar todo tipo de legalismo y desprecio a la mujer. Él ha venido a perfeccionar la ley del amor y la fidelidad. El matrimonio no se reduce a un contrato, sino nos remite al origen de la creación: “Al principio, Dios los hizo varón y mujer, por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos son una sola carne” (vv. 6-8). Él nos recuerda la misma dignidad de mujer y varón. Son una sola persona.  Indica comunión, entrega mutua, amor que crece y crea una nueva relación con los hijos, as. Él nos ofrece una nueva posibilidad, volver a los orígenes, Dios nos crea por amor y para amar. Este amor creativo, crece y madura, cuando es dialogante, cuando el uno y el otro saben escucharse, decirse, perdonarse. Cuando los esposos hacen de su familia una escuela de amor, confianza, respeto. Cuando ambos se ponen de acuerdo en la educación y formación de los hijos.

Jesús frente al rechazo de sus discípulos a los niños (v. 13), nos dice: “Dejen que los niños se acerquen a mí. Porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos” (v. 13). ¡Cuánto amor, ternura y respeto debemos tener por los niños! Los padres son los primeros educadores de la fe, quienes le descubren a Jesús en sus vidas, los van educando en el conocimiento de la Palabra de Dios. Celebran la fiesta de la eucaristía con alegría. Son los educadores en valores. ¿Por qué, donde aprende un niño, a orar, amar, su dignidad, sus derechos y deberes como persona? Es en el hogar.

Jesús nos descubre la sencillez para acoger el reino de Dios, convertirnos y creer en el Evangelio de la vida. Jesús, nos interroga lo más importante es el amor y la dignidad de ambos: mujer y varón. El proyecto de Dios es el amor, implica igualdad en derechos, dignidad y obligaciones. El amor no es dominio del uno sobre el otro. Es capacidad de recrear ese amor con constancia, madurez  y responsabilidad. De esa unidad profunda nos habla Gen 2,18-24, se refiere a construir relaciones de igualdad y complementariedad no sólo biológica, sino afectiva, sicológica, espiritual, social. Esto es posible cuando ese amor se construye en amistad con Jesús, que es la luz que ilumina el caminar de nuestra familia.

Que María, nuestra Señora del Rosario, permita a cada familia, vivir los misterios de la vida de Jesús, como los mismos misterios de nuestra vida. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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