padre José Martínez de TodaEl padre José Martínez de Toda, S.J.(Venezuela), nos comparte su comentario dialogado al Evangelio que se proclama en el vigésimo domingo del tiempo ordinario, del año C, correspondiente al domingo 18 de agosto de 2019.

"He venido a prender fuego en el mundo"(Lc 12, 49-53)

Jesús en este evangelio es exigente, celoso y provocador. ¿Qué le preocupa?

Le preocupa el fracaso del plan divino sobre la humanidad.

En el Antiguo Testamento Dios se escogió un pueblo – Israel – para que fuera como modelo de la humanidad. Quería que tuviera la justicia como norma de vida y así aniquilara la injusticia dentro del ser humano y en las estructuras de la sociedad.

Pero Israel no fue fiel a esta vocación.

Por eso el planteamiento de Jesús es muy distinto.

¿En qué se distingue el planteamiento de Jesús?

Él predica el amor, la solidaridad, el respeto, la atención a los más necesitados, y anima a destruir el deseo de dominar a los demás.

Con esto todos los poderes judíos se veían directamente amenazados, afectados y cuestionados por los planteamientos de Jesús.

Así que, no es que Jesús provoque o declare la guerra, sino que su mensaje es signo de contradicción: es buena noticia para los pobres y mala noticia para los explotadores, para quienes dominan, y para los que abusan de su poder; más bien, son éstos los que empuñan la espada y matan a Jesús y sus seguidores (cfr. Ex 5, 21).

Con la frase "Fuego vine a traer a la tierra y qué quiero sino que arda", ¿qué nos quiere decir Jesús?

El fuego tiene varios significados positivos:

Primero: El fuego simboliza el entusiasmo con que hablamos y actuamos. El entusiasmo es "un fuego que enciende otros fuegos". Uno desea que el Espíritu arda y brille en el corazón de todo creyente.

Segundo: Necesitamos el fuego del Espíritu para quemar todo lo que nos estorba, y para liberarnos de todo lo que nos ata a la basura de este mundo. Por eso Juan Bautista dijo que el Mesías "les bautizará en Espíritu Santo y fuego" (3:16).

Pero el fuego también sirve para la destrucción...

Pero Jesús nunca quiso el fuego de la destrucción. Por ejemplo, Santiago y Juan querían hacer caer fuego del cielo sobre los samaritanos, que rechazaron a Jesús, y no querían que entrara en su pueblo; pero Jesús no se lo permitió (9:54).

También habla Jesús del bautismo, que tiene que recibir. ¿De qué bautismo habla?

Es una referencia encubierta a su muerte. Así ocurrió también cuando Santiago y Juan le pidieron a Jesús sentarse a su derecha e izquierda en el reino. En aquella oportunidad Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber del cáliz que yo bebo, o ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?" (Marcos, 10:38).

'Bautizo' en su sentido original es sumergirse; y esa inmersión representa la muerte.

El cáliz y el bautizo son metáforas que indican el sufrimiento y la muerte de Jesús.

¿Siente Jesús miedo ante lo que le espera?

Así lo expresa Él mismo: "Y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla ese bautizo!".

Estas son palabras fuertes de un hombre comprometido con una misión difícil, y angustiado por lo que puede ocurrir de inmediato. He aquí algunos ejemplos parecidos:

- Es lo que siente un soldado antes de entrar en batalla.

- O un policía cuando va a enfrentar a unos narcos, bandidos o secuestradores,

- O un paciente esperando el momento de su operación.

Ésta es la angustia de Jesús, cuando en el Monte de los Olivos, ve su sudor "como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" (22:44).

También dice Jesús que ha venido a traer división. ¿Qué trae Jesús: paz o guerra?

No es una guerra contra otras personas, sino una guerra contra el mal, contra el pecado y la corrupción. Es una guerra sin sangre ni represión.

Es una guerra, por ejemplo, contra los Siete Pecados Capitales: Orgullo, codicia, lujuria, ira, glotonería, envidia, pereza. A estos males podemos añadir la madre de todos ellos: la injusticia, fruto del egoísmo.

Esta guerra trae consecuencias graves, hasta entre amigos y familiares: enemistades, persecución, muertes...

"Porque estarán cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres".

¡La palabra 'división' perturba! Hasta las familias serán divididas a causa de Jesús.

Porque el amor verdadero elige luchar a favor de los más débiles, y esto puede traer discriminación y persecución por parte de los poderosos.

Muchos de los primeros en este mundo serán los últimos en el reino de Dios (13:30), pues perseguirán a los buscadores de la justicia y del respeto a los débiles.

Eso le pasó primero a Jesús. A lo largo de su ministerio Jesús experimenta conflicto, culminando con la cruz. Ya Simeón predijo este conflicto cuando Jesús era todavía un infante. Simeón le dijo a María: "He aquí que éste tu hijo es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel. Y una espada traspasará tu alma de ti misma" (Lucas 2:34-35).

¿Y pasa eso también hoy día?

Eso le está pasando a muchos de nuestro tiempo: a los seis Jesuitas asesinados de El Salvador, al jesuita Vicente Cañas y a la Hna. Dorothy Stang asesinados por defender los derechos de los indígenas de la Amazonia.

La fidelidad a Jesús ha de superar cualquier otra fidelidad, incluso la familiar; porque, lejos de discriminar, dará su verdadero sentido a todas las demás fidelidades.

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José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

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