El grano de MostazaComentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el 11° Domingo del tiempo ordinario, ciclo B, correspondiente al domingo 17 junio 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Marcos 4, 26-34.

 “El reino de Dios se parece al grano de mostaza” 

¿Dios me concede todo lo que le pida?

<Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una nueva tienda. El rótulo decía: “Regalos de Dios”. Entré. Un ángel atendía a los compradores.

-¿Qué vendes?, pregunté.

- Cualquier don de Dios.

Miré las estanterías. Estaban llenas de ánforas de amor, frascos de fe, macutos llenos de esperanza… Yo necesitaba un poco de todo.

-¿Cobras muy caro?

-No, los dones de Dios son siempre gratis.

- Deme una ración de amor, dos de perdón, tres de esperanza, unos gramos de fe y el gran paquete de la salvación. Cuando el ángel apareció, traía una bolsita diminuta. Le dije:

- ¿Cómo puede caber ahí todo lo que le pedí?

-Mira, amigo, respondió el ángel. Dios nunca da los frutos maduros. Dios sólo da pequeñas semillas que cada uno tiene que cultivar y hacer crecer.> (Félix Jiménez, escolapio).

- ¿Qué es lo que más le importaba a Jesús?

 Su mayor preocupación era la construcción del Reino de Dios: reino de paz, de amor, de justicia. Desde el comienzo lo predica y lo explica con parábolas.

S. Marcos nos coloca cuatro de sus parábolas sobre el Reino de Dios: la famosa del Sembrador (Mc 4:1-20), la Antorcha bajo el celemín (Mc 4:21-25), la Simiente que brota (Mc 4:26-29), y el Grano de Mostaza (Mc 4:30-32). Como se ve, en estas parábolas predomina el tema de la semilla. Hoy el evangelio presenta estas dos últimas.

En la Simiente que brota se pinta a un hombre, que echa simiente en la tierra, y se va a dormir. En la mañana se levanta y se dedica a varias tareas, sin preocuparse de la semilla. Pero ella germina en la tierra y produce nuevas semillas: los granos. Trillones de semillas toman raíz cada año sin ninguna intervención humana. Colinas y valles alrededor del mundo se cubren de plantas que nadie ha plantado, regado, fertilizado o protegido de malas hierbas.

El punto importante de esta parábola es la obra de la simiente, que brota a causa de una fuerza misteriosa y que crece tan despacio que no la vemos crecer. Sólo cuando nos volvemos después de varios días, podemos ver su crecimiento, y  siempre nos maravillamos.

¿En qué se parece el Reino de Dios a esta simiente?

1.El reino de Dios es como este crecimiento lento pero constante. Predicamos, invitamos y testificamos, pero los resultados son de lo más ordinarios: unos niños catequizados, un adolescente que se presenta para el bautizo o la confirmación, una pareja joven que decide casarse por la Iglesia, la  perseverancia en la Lectura Orante de la biblia y en los Ejercicios Espirituales, el cuidado a ancianos, el llevar ropa a gente necesitada, el visitar enfermos, el trabajo incansable a favor de los derechos humanos.

El reino de Dios crece a pesar de nuestros defectos.

Vivimos muchas veces obsesionados por los grandes problemas de nuestro mundo: la inseguridad, la corrupción, la contaminación, la droga, la violencia… Algunos enfatizan lo negativo, como si Dios no existiera y no se preocupara de nuestro mundo.

Pero son muchísimas las cosas buenas, las personas buenas, los actos solidarios que nos rodean. Son semillas del Reino, que lo hacen crecer sin que nos demos cuenta. Es la tarea del cristiano celebrar la bondad de Dios y cantar su poder para que todo fructifique

Lo nuestro es crecer y ayudar a crecer a los hermanos en Cristo.

2. Es un proceso gradual con pasos: Primero la semilla germina en la tierra, aparece la hierba, luego la espiga y después los granos. Así es también en el Reino de Dios.

3.La semilla germina en la tierra por un proceso misterioso que solo conocemos en parte. Aun hoy día quedan incógnitas: ¿de dónde viene tanta vida? Así también la Buena Noticia se siembra en el corazón de las personas y crece también en forma misteriosa.

4.La semilla crece por una fuerza vital puesta ahí por Dios. En el reino de Dios debemos cumplir nuestra parte, pero Dios es el que hace llegar el reino. Nuestro papel es echar la simiente. El éxito está asegurado. Pero no podemos dictar en qué lugar o en qué momento dará fruto. Eso es sólo conocido por Dios. “Confiar en que todo depende de Dios y trabajar por el Reino como si todo dependiera de nosotros”. (Frase de inspiración ignaciana).

- ¿Qué nos enseña la otra parábola: la del grano de mostaza?

El grano de mostaza es de las semillas más pequeñas. Pero, después de sembrada, crece hasta unos tres o cuatro metros de altura. Es un contraste entre la pequeñez de la semilla y lo grande de la planta que nace de ella.

El reino de Dios también comienza con pequeños fenómenos.

Esperaríamos que Cristo venga como un poderoso guerrero, rodeado de poder y de gloria; pero, en cambio, viene como un pobre niño en una cueva de animales.

Esperamos que Él compare el reino de Dios con un roble o un cedro, pero lo compara con un grano de mostaza – la más pequeña de las semillas.

Esperamos que escoja como discípulos a los hombres mejores y más inteligentes, pero escoge a gente ordinaria: pescadores, recaudadores de impuestos e individuos improbables, como Moisés (fugitivo y tartamudo), David (el niño cuyo padre casi se olvidó de mencionarlo cuando Samuel vino a su casa en busca de un rey), Gedeón (el jefe de una cuadrilla de trescientos hombres)...

También la vida misma de Jesús, en apariencia de poca significación y relieve, ha dado los grandes frutos del Reino de Dios y se ha convertido en el único árbol en el que todos podemos hacer nuestro nido.

Por eso, en el cristianismo la cristología es más importante que la eclesiología. “Hay que hablar menos de la Iglesia y más de Cristo; hay que luchar contra el peligro del narcisismo eclesial”. (José M. González Ruiz). Sólo hay salvación en Jesucristo.

Lo nuestro es creer en el árbol grande y generoso que es Jesucristo.

Jesús enseña en público con parábolas, porque quizá muchos de sus seguidores llevan poco tiempo con Él, y aún no están listos para entender por completo todo su mensaje.

“Pero a sus discípulos les declaraba todo en privado” (v. 34): les daba una interpretación más personal. Así nosotros, como discípulas y discípulos, hemos de acercarnos más a Él, a sus palabras; hemos de llevarle, con confianza y humildad, nuestras propias preguntas. Sus respuestas serán esa buena pequeña semilla que puede crecer y llevar frutos de fe, de justicia, de salvación.

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 José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

 

    

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