Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el primer domingo de Adviento, domingo 1 de diciembre.  La lectura es tomada del evangelio según San Mateo 24,37-44

Estén despiertos.

Adviento es el inicio de un nuevo año litúrgico. Un tiempo de esperanza, de cercanía de nuestro Dios, que nos visita, para recordarnos: Estén siempre vigilantes, nos dice el evangelio de Mt 24,37-44. Estén despiertos al sentido profundo de la vida. A veces andamos tan despreocupados, que Jesús nos vuelve a comparar como la generación en tiempos de Noé, que no tomamos en serio la vida (v. 37). Tenemos que reconocer que el Señor está cerca, que él nos visita para que caminemos como hijos de la luz y dejemos las tinieblas del egoísmo, indiferencia, injusticia, violencia y guerra que divide y separa al ser humano, consigo mismo y con los demás.
El apóstol Pablo nos recuerda: "dejemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz" (Rom,13,22).

Este tiempo de adviento nos prepara con una profunda conversión de vida, a celebrar la navidad: el nacimiento de un Dios hecho niño, que se encarna en nuestra historia y que nos marca un camino de luz, espíritu nuevo, que nos convoca como hijos e hijas de un mismo Padre que nos reúne como un solo pueblo para "instruirnos en sus caminos y marchar por sus sendas" (Is.2,3).
Es Jesús el Dios con nosotros, que nos invita a ser más humanos. "Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados (Is. 2,4). De estos instrumentos de muerte, forjará instrumentos productivos arados, podaderas, para que el pueblo pueda gozar de una buena alimentación, de educación, de salud integral, de justicia y de paz. Este Dios fortalece el deseo de su pueblo de vivir una nueva vida.
En su hijo Jesús nos trae motivos de vida y de esperanza. La vigilancia es la característica del cristiano. Siempre atento a mirar como cuidamos, defendemos y protegemos la creación, don de Dios, como construimos la paz en base a la justicia, cuando tantos niños y niñas son víctimas del plomo, por la contaminación de los suelos por la poca previsión en la extracción de los minerales, cuando no se toma en cuenta la protección de la vida de los pueblos más sencillos. Y sólo se ve el dios del lucro.
Adviento es un llamado a la vigilancia y al despertar a la sabiduría de Jesús. Es en el corazón del ser humano donde tiene que operarse ese cambio de vida. Ese acoger la luz que es Cristo, para ser luz para las naciones, para trabajar unidos por un mundo donde impere la paz que es fruto de la justicia y del amor entre los seres humanos. Nuestra historia humana tiene que ser una historia de esperanza que nos invita a todos a trabajar con generosidad, movidos por el Espíritu de Dios que se concretiza: revestirnos de Cristo, caminar como hijos de la luz y no de las tinieblas y tener una profunda esperanza en el Señor de la vida y de la historia. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

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