Padre Héctor HerreraComentario sobre el evangelio que se proclama en el 2° domingo de Cuaresma, ciclo C, correspondiente al domingo 17 de marzo de 2019. La lectura es tomada del evangelio según San Lucas 9,28-36

Éste es mi elegido, escúchenlo

Lc. 9,28-36, los discípulos, no entienden la propuesta de Jesús. La gente piensa que es como Juan Bautista, Elías o los profetas (Lc 9,18-21). Sus discípulos, lo aceptan como un Mesías glorioso, como pretendía la religión oficial del Templo (Lc. 9,18-19) se sorprenden al ver el rostro y los vestidos de Jesús resplandecientes. Jesús quiere enseñarnos, el camino previsto por los profetas es el sufrimiento, Pedro no sale de su asombro. Como discípulos, estamos llamados a escuchar y dejarnos transformar por su PALABRA. El discípulo, sigue a Jesús, cuando escucha su Palabra y toma la cruz (Lc. 9,22-26).

Jesús junto con Pedro, Santiago y Juan suben a la montaña a orar (v. 28). Su rostro y sus vestidos se transforman (v. 29). Aparecen Moisés y Elías (v. 30) para darnos a conocer el plan de salvación de Dios. Moisés representa la Ley y Elías a los profetas. Esto nos indica que tanto la Ley como los profetas dan testimonio y aprueban la misión de Jesús.

Pedro y sus compañeros ven la gloria de Dios. Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, una para Moisés y otra para Elías. Pedro, no sabía lo que decía (v.33). No comprende que la gloria de Jesús pasa por el camino de la cruz.

La nube en la Biblia significa la presencia de Dios. Hay una relación entre el bautismo (Lc 3,21-22) y la transfiguración de Jesús (v.35) “Este es mi Hijo elegido. Escúchenlo”.  El Padre respalda la misión de Jesús. Él ha elegido libremente el camino, del sufrimiento y recibe la confirmación del Padre, así como la misión de todo creyente que quiere ser discípulo de Jesús.

A través de toda la historia, Dios nos llama a salir de nuestras seguridades y escuchar la voz de Dios, como lo hizo Abrahán, prometiéndolo una tierra nueva (Gn 15,18). Abrahán confió, se fio de Dios, también nosotros necesitamos fiarnos de Dios para entrar en una tierra nueva, humanizando nuestras relaciones de convivencia familiar y social, buscando ser más hermanos.

Escuchar a Jesús es ser discípulos coherentes con su Palabra y el testimonio de vida. “En la oración personal, alimentándonos de la Palabra y la Eucaristía, el discípulo, cultiva una relación de profunda amistad con Jesucristo y procura asumir la voluntad del Padre” (D. A. 255)

“¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! (D.A. 257). Escucharlos es tener la capacidad de descubrir como Jesús que cuando tú y nosotros estamos cercanos y compartimos el dolor y el sufrimiento de otros, allí nace una transfiguración de nuestras vidas.

Nos transfiguramos y nos convertimos en discípulos y misioneros cuando llevamos una sonrisa, la alegría de vivir y defender la vida y los derechos de nuestros hermanos. Cuando la fe y el compromiso van unidos de la mano, Dios está allí en medio y presente en nuestras comunidades.

Dios nos llama en su Hijo Jesús a una transfiguración de nuestras vidas, a escucharlo con un corazón abierto. Y a comprender como Pablo: “Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos recibir al Señor Jesucristo” (Filp 3,20). Y esto significa transformar nuestras vidas, viviendo en serio nuestra vida y tomando en cuenta la vida de los demás como don de Dios. Fr. Héctor Herrera, o.p.

social_buttons

Enviar un comentario nuevo

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.